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Leonor Cáceres, la defensora de Caraballeda

Nuestra Herencia Hispana

Los trescientos primeros años de nuestra historia, esos tres siglos cuando éramos españoles, fueron el tiempo cuando nuestro país tomó forma, se definieron nuestros rasgos culturales, morales y sociales, se formó nuestra unidad política y geográfica, nuestro carácter como nación, han sido relegados por las “historias oficiales” a una distorsionada imagen de saqueo y barbarie o en los mejor de los casos y en el peor, es totalmente ignorada.

Nuestra maravillosa lengua, nuestros principios morales y religiosos, nuestras relaciones familiares, nuestra escala de valores, viene dada por esos primeros tres siglos que casi que pasan inadvertidos en el estudio de nuestra historia. Son los trescientos años donde aquellos hombres y mujeres venidos del otro lado del mar crearon de la nada todas nuestras ciudades y puertos, nuestros primeros hospitales, iglesias, escuelas y universidades.

Se hace preciso reencontrarnos con nuestra rica herencia hispana, factor fundamental y principal de nuestra identidad. Ya basta de repetir que de trescientos años de una “oscura noche de la esclavitud de la colonia” se pasó”, de un día para otro en 1811 a la “libertad repubicana”. La gente de 1811 simplemente eran herederos de los primeros padres fundadores: los conquistadores, parte fundamental de nuestros antepasados.

Es por eso que se hace necesario conocer aquellos hechos y personajes que en nuestros primeros tres siglos forjaron este país, que con su sangre, sus luchas y su trabajo asentaron en estas tierras nuestra lengua, nuestras creencias, nuestra religión y nuestra cultura.

Las Mujeres Conquistadoras

Las primeras mujeres que hablaban nuestro idioma empezaron a llegar a América en el segundo viaje de Colón. Su historia es poco conocida. (imagen ilustrativa, créditos a su autor)

Poco se habla de las primeras mujeres que vinieron a fundar América, pero ya en el segundo viaje de Colón en 1494 viajaron muchas familias con mujeres e hijos. Así se tiene los nombres de las primeras mujeres de habla castellana que llegaron a nuestro continente: Catalina Rodríguez, Catalina Vázquez y María de Granada que fueron entre otras, parte de los pasajeros. Menos conocido es que en su tercer viaje en 1498 le acompañaron treinta mujeres. Ya en el año de 1502, en la gran expedición de Nicolás de Ovando fueron nada menos que 70 mujeres casadas. Las primeras mujeres empezaron a llegar a Santo Domingo y de allí fueron diseminando por todo el continente.  Desde 1515 debían estar autorizadas para venir por las autoridades que no permitían una inmigración indeseable, tenían que ser mujeres que vinieran a colonizar: a casarse y fundar familias cristianas.

La vida que esperaba a estas primeras mujeres hispanas no era nada fácil: casi no había casas o comodidades y la sociedad estaba desorganizada, en plena formación. Estas mujeres tuvieron que asumir roles que no habrían tenido en España: si querían sobrevivir en ese medio hostil tendrían que tener mucha fuerza de carácter, tomar muchas decisiones ante las ausencias de sus maridos conquistadores, jefaturar y hacer trabajar a los criados y a los indios encomedados, representar socialmente al marido ausente, y en muchos casos, al quedar viudas en aquella tierra peligrosa se convertían en el verdadero jefe.  Algo totalmente fuera de la imagen de seres sumisos, más bien muchas de ellas tuvieron un rol verdaderamente protagónico.

Guerreras y Conquistadoras

Muy al contrario de lo que generalmente se pretende señalar, muchas de esas mujeres tuvieron un papel excepcional en esos primeros tiempos de la conquista.  No sólo los hombres barbudos fundaron con su sangre la génesis de nuestra sociedad, varias damas dieron muestra excepcional de valor, arrojo y audacia en los duros tiempos de la conquista: En Chile está el caso de caso de la implacable conquistadora Inés Suárez, mujer de Pedro Valdivia, quien a sangre y fuego participó en la conquista del país y la fundación de Santiago.  En México estuvo María Estrada, llamada “la mujer soldado de México”, quien formó parte de las legiones de Hernán Cortés y se destacó bravamente en la batalla de Otabamba, el combate mas icónico de la conquista de México, donde espada en mano dio de baja a buen número de mexicas y también está la explosiva Catalina de Erauso, conocida como “la monja alférez”, quien vestía como hombre y que tuvo su primera experiencia bélica en nuestra península de Araya cuando su barco se enfrentó a piratas holandeses, pero no llegó a desembarcar en Venezuela y se destacó como una brutal y despiadada soldado en la conquista de Chile.

En lo político tuvimos nada menos que a Aldonza Villalobos, quien fue la gobernadora de la isla de Margarita desde 1541… por treinta y tres años¡  lo que la convierte en la única gobernadora vitalicia que hubo en toda la historia colonial de la América española.

Leonor de Cáceres

Entre esos personajes encontramos a la casi desconocida primera mujer que en Venezuela empuñó las armas para defender a los suyos de los enemigos externos: Leonor Cáceres.

Sería aproximadamente el año de 1570. Caraballeda era un pequeño poblado fundado años antes por Diego de Losada en la costa del mar Caribe, donde Francisco Fajardo anteriormente había fundado el poblado del Collado. Aquí convivían pacíficamente unos cuarenta colonos de españoles y varios centenares de indígenas, gobernados todos por un tal Gaspar Pinto. Entre las personas que vinieron de tierras lejanas para fundar en estos lares su nueva patria, tener su familia y cumplir sus sueños estaba una bella mujer, hija de un andaluz, llamada Leonor Cáceres (o de Cáceres, pero quizás no era casada, sino era la grafía de su apellido). Según relata Tosta García era una chica muy cortejada, pero rechazaba a todos los pretendientes.

Un cierto día indígenas amigos de los conquistadores que vivían en las tribus vecinas avisan a los españoles que un grueso número de los terribles enemigos de las tribus locales han desembarcado en las inmediaciones y se encuentran arrasando a las aldeas cercanas.  Se trata de los terribles “caribes” venidos en catorce piraguas desde la isla de Grenada, al Norte de Venezuela.  Son el equivalente a los hunos de Atila en la vieja Europa: Por donde pasan saquean, incendian, secuestran, violan, matan y destruyen, y más terrible aún: canibalizan a sus víctimas.  Son los primitivos piratas del Caribe.

Leonor tomó una rodela (escudo) y la macana (garrote) de uno de los caníbales caídos y arremetió contra los invasores salvando a su amiga.

En un primer momento los vecinos de Caraballeda dudan de la versión y no se preocupan mucho, y se limitan a destacar un centinela en las afueras del poblado para dar la alarma sin ocurriese alguna novedad. En la madrugada el centinela descubre la amenaza: son trescientos caribes que en la oscuridad avanzan para asaltar Caraballeda. A toda velocidad corre hasta el poblado y da la alarma. Casi detrás de él llegan los asaltantes y lo primero que hacen es capturar a varios de los indígenas amigos: los secuestran para comerlos más tarde.  A la vez se dedican al desordenado pillaje.  Apresuradamente los españoles toman las armas y les hacen frente.  Son apenas veinte hombres apoyados por unos pocos indígenas amigos contra toda la horda invasora.  Los españoles, acostumbrados a las guerras en Europa, son valerosos y saben combatir: se forman en cuadro y ordenadamente enfrentan a la horda desordenada de los caribes. El acero de las espadas, lanzas y alabardas hacen estragos entre los caníbales, pero aún así logran secuestrar a una de las mujeres españolas: la esposa de Duarte de Acosta, una amiga de Leonor. Leonor toma una rodela (pequeño escudo redondo) con una mano para protegerse y con la otra agarra la macana de uno de los caribes caídos y se bate a garrotazos en contra de los bárbaros que caen fulminados por la furia de la mujer que quiere rescatar a su amiga.  En su auxilio llega Gaspar Pinto, con un arcabuz. Dispara y le vuela la cabeza al secuestrador de la señora de Acosta. El resto de los asaltantes se repliegan, pero por las playas cercanas dejan los miembros de los restos de los infelices indios que canibalizaron antes de huir.

Pocos años después uno de los vecinos de Caraballeda compuso una copla que se cantaba por aquellos tiempos para recordar el valor de una de las fundadoras del poblado:

Cuando los indios Caribes

Fueron a Caraballeda

Les salió Leonor de Cáceres

Con la rodela

Los muertos y los heridos

Contábanse por fanegas

Y estuvo sangre corriendo

Toda la noche entera

El relato de Leonor Cáceres es el primero en la historia de Venezuela de una mujer que toma las armas para defender a los suyos.  La violencia no es el primer camino que se debe elegir para solucionar los conflictos, pero a la hora de enfrentar a los malvados, no hay diálogos posibles.  Vacilar es perderse, como decía Bolívar; hay que ir a la fuerza contra los violentos. Leonor Cáceres, fundadora de Caraballeda, la primera heroína venezolana.

Fuentes:

Oviedo y Baños, José. “Historia de la Provincia de Venezuela” Editorial CEC CA Caracas 2006

Pacheco, Carlos, Barrera Luis y González Beatriz. “Nación y Literatura: Itinerarios de la palabra escrita en la cultura venezolana” Fundación Bigott, Caracas 2006

Uslar Pietri, Arturo. “La Antihistoria” Artículo en la revista “Historia Para Todos” Nro. 3 Editorial Lisbona, Caracas, 1979

Diccionario Polar de Historia de Venezuela

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