María Soledad Hernández es miembro del Instituto de Investigaciones Históricas «Padre Hermann González Oropeza». También es profesora en las Escuelas de Comunicación Social, Filosofía y Doctorado en Historia de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).
¿Cómo calificaría la respuesta del Estado venezolano al desafío de la guerrilla?
Es una pregunta compleja, ya que puede derivar en un juicio valorativo, sobre todo si tomamos en consideración la narrativa reciente sobre el fenómeno de la lucha armada…



Hay un factor importante que no se menciona como alentador de la lucha armada y es la muerte del periodista Fabricio Ojeda, quien tuvo un papel importante en la lucha contra la dictadura perezjimenista. Desde la subversión se le atribuye a Ojeda mucho del éxito de la resistencia que se libró contra la dictadura, que los liderazgos que luego tomaron el poder no habían desarrollado por estar en el exilio. Ojeda luchaba en el terreno subversivo, pero en el país, logrando una adhesión popular. Cuando se conforma la junta de gobierno tras la caída del régimen, las conversaciones iniciales no hablaban de un pacto. Cuando Betancourt, Caldera y Villalba acuerdan el pacto, Ojeda siente que es una traición a las primeras conversaciones preliminares. Al ser excluida la izquierda tanto él como varios movimientos progresistas sintieron que los factores sociales serían excluidos y que las transformaciones que se aspiraban para la población no serían alcanzadas. El Pacto de Punto Fijo se vuelve así en el desencadenante principal de la rebeldía de jóvenes que como Fabricio Ojeda optan por irse a la guerrilla. Caballero, Petkoff y otros forman parte de la guerrilla romántica que se vuelve izquierda de salón y que se encarga de teorizar sobre historia para polemizar con tesis como “cuándo naciió el Esado Liberal Burgués?”. Ojeda representa quizás al romántico guerrillero inspirado en la gesta del Che Guevara. Esa exclusión del Pacto de Punto Fijo es el primer argumento que debe buscarse como catapulta, como desencadenante del movimiento guerrillero y por supuesto le sigue la inspiración en la revolución cubana. La situación se enrarece con la muerte de Fabricio Ojeda que, algunas fuentes, señalan como el primer asesinato de un líder de izquierda en la democracia representativa, lo que atizó más el malestar de la izquierda. Las fuentes oficiales indican que fue un suicidio. Pero la duda cabe, sobre todo porque Ojeda era un líder que aspiraba tener una participación clave en la política contemporánea. Su perfil psicológico no asoma por ningún lado el hombre que rehuye enfrentarse a los problemas. Y ciertamente al no tener al frente un liderazgo como el de Ojeda, el movimiento guerrillero se convirtió en un movimiento desorganizado de milicias sin visión, muy teórico y poco pragmático. Soñando con emular a Fidel, a Mao y a Ho Chi Ming. Se habla de la asesoría cubana que realmente no fue relevante. Relevante fue el entrenamiento dado por la CIA a los comandos antiguerrilla del Ejército, pues EEUU no querían tener un Vietnam en el Caribe, ni una nueva Cuba en Suramérica. Ese fue el factor determinante, un entrenamiento constante,. Planes de penetraciones y delaciones terminaron con el movimiento antes de desarrollarse. Al estar atomizado en varias regiones del país, su derrota total era inminente. La guerrila pudo haber sido derrotada mucho antes, pues no tenían poder de fuego ni entrenamiento modernos. Los israelíes son unos monstruos en eso y dejaron su impronta cruel en las FAN. Pero esa guerrila esmirriada sirvió de excusa para comprar armamento a los perros de la guerra. Creo que nuestra historia contemporánea nos enseña las nefastas consecuencias de las exclusiones políticas. La exclusión del 45, por parte del trienio adeco, propició la dictadura pérezjimenista y dejó una aspiración revanchista de los humanistas del medinismo. La exclusión izquierdista del Pacto de Punto Fijo, propició la muerte y tortura de muchos jóvenes a manos de los que aprendieron en la Escuela de las Américas de Panamá, y dejó una aspiración revanchista por parte de los sobrevivientes de la izquierda y de lo que luego se llamó “el chiripero”. Ambas corrientes se unieron a los copeyanos y adecos descontentos, que se fueron tras los pasos de Hugo Chávez. Y que se irán tras las notas de flauta que toque quien gane las próximas elecciones, sumando más revanchismo a nuestro estilo de hacer política e historia.