El 1ero de septiembre de 1939 se inicia la segunda guerra mundial. Fueron varios los episodios del conflicto ocurridos en Venezuela.

En agosto de 1943 ocurrió en las inmediaciones de la isla venezolana de La Blanquilla uno de los combates más violentos y épicos de la segunda guerra mundial: la caza del submarino U-615.

Desde mediados de 1943 este sumergible se encontraba realizando ataques en contra de los buques aliados en aguas del Caribe. Incursionó en el Golfo de Paria y bordeó toda la costa venezolana sin encontrar ninguna presa.  El 28  de julio, a pocas milla al norte del estado Falcón hundió al buque tanque “Rosalía” que venía del Lago de Maracaibo con su contenido de hidrocarburos.

El 29 de julio empezó la batalla cuando un bombardero norteamericano B-18 localizó al sumergible y atacó sin resultado.

El 31 de julio lo vuelven a localizar y nuevamente fallan en el blanco y el submarino se sumerge y se le pierde la pista.

El 1ero de Agosto un bombardero B-24 basado en Curazao lo localiza y le lanza varias bombas, con el mismo resultado: el submarino escapa.

 Finalmente el 6 de agosto el submarino alemán U-615 es definitivamente localizado por aeronaves norteamericanas y se traban en una lucha que durará varios días.  Es el combate más largo contra un solo buque registrado en la segunda guerra mundial.

La madrugada de ese  día un avión PBM-3S Mariner P-6 localizó al submarino en la superficie y luego de lanzar unas bengalas para iluminar la escena atacó con dos bombas a la nave alemana que explotaron fallando el blanco, luego el avión atacante volvió sobre el buque, fallando nuevamente.  El submarino se sumergió y el avión lo perdió de vista.  Al rato llegó un buque de la marina norteamericana y al divisar el periscopio del submarino atacó  con cargas de profundidad.

Fotos auténtica del bombardeo contra el U615

Era la primera vez que un submarino enemigo estaba perfectamente ubicado en aguas del Caribe y todas las fuerzas aliadas de la zona se empeñaron en darle caza.  En Chaguaramas, Trinidad, estaba la base de buques antisubmarinos más grande de Estados Unidos y otras ubicadas en Panamá y las islas del Caribe incorporaron sus aviones y barcos a la lucha.

Más tarde, en la mañana, el sumergible tuvo que emerger para recargar las baterías y tomar aire fresco.  Poco después del mediodía el submarino, ya iniciando la inmersión  fue localizado por un avión Mariner norteamericano, que le lanzó cuatro cargas de profundidad que explotaron muy cerca del submarino, que se sumergió rápidamente para evitar ser destruido, pero las cargas de profundidad  le causaron severos daños, habían averiado el casco y los motores estaban fallando. En vista de que el submarino estaba haciendo agua, al capitán no le quedó más remedio que emerger.  Al salir  a la superficie fue inmediatamente visto por el avión Mariner, quien informó la posición a la base de Chaguaramas e inmediatamente reinició el ataque.

A su vez, el capitán del sumergible, ordenó a los artilleros de su buque tomar posiciones de combate en sus cañones antiaéreos y ametralladoras.

Cuando el avión entró en picada para lanzar sus bombas y ultimar al submarino recibió una andanada de metralla mortal, cayendo al mar y explotando.

Avión «Mariner» semejante al ametrallado y derribado por las defensas antiaéreas del submarino.

Unas cuatro horas más tarde llegó al lugar otro avión Mariner y empezó a ametrallarlo. Los artilleros del sumergible esperaron a que el avión atacante estuviera a tan solo unos trescientos metros para responder el fuego que impactó de lleno en el Mariner, arrancando pequeñas partes de un ala y produciendo un incendio, pero el avión lanzó cuatro cargas de profundidad que causaron más daños en el sumergible.  El timón se dañó y puso al buque a dar vueltas en círculo, mientras los marineros desesperadamente utilizaban las bombas de achique para evitar que el buque terminara de hundirse.

Una hora más tarde llegó otro avión norteamericano, esta vez un Ventura VP2 Harpoon, que lanzó cuatro poderosas bombas, que explotaron muy cerca del submarino y lo hicieron hundirse momentáneamente y lanzaron a los artilleros al agua, pero rápidamente regresaron al barco que increíblemente emergió.

A las seis de la tarde, llega un tercer avión, otro Mariner, a incorporarse al combate.  El submarino está completamente dañado, las bombas de achique no funcionan, los motores tampoco. Lo único que queda es la férrea voluntad de sus marineros y las ametralladoras y los cañones antiaéreos.

El recién llegado Mariner entra en picada en contra del submarino para dar el toque definitivo, pero recibe una andanada de plomo y fuego, matando al piloto, destruyendo el radar del avión y dañando el piloto automático.

Casi a las siete de la noche, llega otro avión Mariner a sumarse a la pelea. Al atacar, recibe una ráfaga de balas, que lo avería y lo obliga a retirarse inmediatamente a su base.

Foto del U615 tomada desde uno de los aviones atacantes.

Ya de noche, se incorpora a la lucha un bombardero B-18, mas tarde llega también un dirigible de observación  K68. Pero entre la lluvia y la oscuridad de la noche, se perdió de vista el submarino. Había pasado tanto tiempo en la persecución que el dirigible K68 se quedó sin combustible suficiente para regresar a su base y tuvo que aterrizar de emergencia en La Blanquilla, pero los fuertes vientos de la tormenta desgarraron sus lonas e hicieron pedazos el dirigible.

Al quedarse sin combustible los aviones que estaban en el combate tuvieron que ser relevados por otro Mariner y regresaron a sus bases a curar a los numerosos heridos de las tripulaciones y reparar a sus naves de los tiros recibidos.

Mientras tanto, el submarino, que había sido atacado por siete aviones distintos, se había quedado sin municiones, los motores estaban paralizados, los timones se encontraban dañados, el casco estaba agujereado.  Su capitán Kapitzky, había sido gravemente herido por las balas de los bombarderos. Ya no había cómo luchar.  Era la madrugada del 7 de agosto. A lo lejos se divisaba una columna de humo de un barco que se acercaba.   El oficial al mando ordenó permitir que entrara el agua al submarino.  A las cinco de la mañana las aguas de lo más profundo del Caribe venezolano se tragaron por última vez al U-615.  Cuarenta y tres tripulantes que sobrevivieron fueron rescatados por el destructor norteamericano que llegaba desde lo lejos.  El capitán Kapitzky y otros tres tripulantes habían muerto en el combate.

Los sobrevivientes de la tripulación del submarino U615

En los archivos norteamericanos y de las declaraciones de los sobrevivientes del U-615, quedaron pormenorizados detalles de este combate. Incluso algunas fotografías que tomaron los tripulantes de los aviones atacantes. Un hecho ocurrido en frente a nuestras costas que pocos conocen.

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