Venezuela, como el Perú, parafraseando al diplomático peruano Raúl Ferrero Rebagliati, es un destino truncado: un vasto camino anegado de piedras, vidrios rotos y obstáculos insidiosos. Aquel sendero, que en sus orígenes fue trazado por hombres de visión y grandeza, se ha ido perdiendo en las disputas mezquinas que sólo los hombres pequeños saben sostener. La dilación con que se ha procedido desde entonces se ha vuelto una carga difícil de disipar, atada a las…


