Hay en el alma venezolana un elemento diferencial, casi telúrico, que la aparta de sus vecinos y la sitúa en una vibración distinta del espíritu continental: una heroicidad de nacimiento, un temple majadero y un destello de rebeldía que remite al arrebato altivo del individualismo ibérico. El venezolano, desde su irrupción en la Historia, aparece como una síntesis viva de lo universal, una mezcla vigorosa entre la tradición hispánica y el fragor de las tierras…


