La historiografía tradicional venezolana ha solido sepultar la figura de José Domingo Díaz bajo el estigma de su visceral oposición al proyecto bolivariano; sin embargo, un análisis objetivo de los albores del siglo XIX revela a un facultativo cuya gestión fue piedra angular en la modernización de la salud pública. En el contexto de una Venezuela colonial azotada cíclicamente por brotes epidémicos, la llegada de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna en 1804 no solo representó un hito médico, sino un desafío administrativo que requería de burócratas ilustrados con formación científica.
Díaz, investido como Secretario de la Junta Central de la Vacuna, se convirtió en el articulador técnico que permitió que el fluido vacunal no se extinguiera tras la partida de Francisco Javier de Balmis. Su labor, registrada con meticulosidad en las actas del Cabildo de Caracas y en la Gaceta de Caracas, demuestra una transición del pensamiento escolástico hacia un pragmatismo higienista. A través de sus informes, se observa la lucha por establecer una red de conservación del virus-vacuna que dependía de la logística “brazo a brazo”, un sistema que desafiaba las distancias geográficas y las resistencias culturales de la población. La actuación de Díaz en este periodo debe ser entendida como un ejercicio de vanguardia sanitaria donde la lealtad a la Corona se manifestaba a través de la preservación de la vida de sus súbditos, integrando a Venezuela en el primer esfuerzo global de inmunización de la historia.
El establecimiento de la Junta Central de la Vacuna en Caracas, decretado el 13 de julio de 1804 por el Capitán General Manuel de Guevara y Vasconcelos, marcó el inicio formal de la gestión administrativa de José Domingo Díaz en el ámbito sanitario. Según consta en las actas recopiladas por Ildefonso Leal en su obra Documentos para la historia de la medicina en Venezuela, Díaz no solo asumió la secretaría por su prestigio médico, sino por su capacidad organizativa. Su labor quedó plasmada en el documento titulado Reglamento para la Conservación y Propagación de la Vacuna, publicado originalmente en la Gaceta de Caracas (órgano divulgador oficial que él mismo redactaría años después), donde se detallaban las obligaciones de los facultativos y la periodicidad de las inoculaciones.
Díaz comprendió que la expedición de Francisco Javier de Balmis era un evento efímero y que la verdadera victoria sobre la viruela residía en la permanencia del fluido. Como secretario, fue el responsable de redactar los informes técnicos enviados a la Península, citando con rigor las estadísticas de niños vacunados en las parroquias de Altagracia y la Catedral. Autores como Ricardo Archila, en su exhaustiva Historia de la Sanidad en Venezuela, destacan que Díaz actuó como el “cerebro estadístico” de la Junta.
José Domingo Díaz: La Ciencia al Servicio de la Corona y el Ciudadano
Para comprender la actuación de José Domingo Díaz en la administración de la vacuna en Venezuela, es imperativo despojarse de la visión dicotómica del “traidor” o el “realista fanático”. Antes de ser el archienemigo retórico de la República, Díaz fue un facultativo dedicado que desempeñó un papel técnico crucial durante la llegada de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, liderada por Francisco Javier Balmis.
Díaz no solo abrazó la ciencia de Jenner, sino que se convirtió en el secretario y principal motor de la Junta Central de la Vacuna en Caracas, establecida en 1804. Su labor fue, en esencia, la institucionalización de la inmunización en una Capitanía General asolada por las constantes epidemias de viruela.
Bajo la supervisión del Capitán General Guevara y Vasconcelos, Díaz organizó la logística para que el fluido vacuno circulara de brazo en brazo, manteniendo la cadena de preservación del virus. En sus propias palabras, plasmadas años después en sus memorias, recordaba la importancia de este hito:
“Desde el momento en que se estableció la Junta Central de Caracas en 1804, de la que fui secretario por muchos años, no hubo un solo día en que no se hubiese conservado el fluido, ni un solo pueblo a donde no se hubiese remitido.”
José Domingo Díaz (1829).
Su gestión fue tan eficiente que Caracas se convirtió en un modelo de administración sanitaria para el resto de las provincias, logrando reducir drásticamente la mortalidad infantil años antes de que el estrépito de la guerra civil alterara el orden social.
La Logística de la Inmunidad: Díaz y la Junta Central
La labor de José Domingo Díaz como secretario de la Junta Central de la Vacuna no fue meramente administrativa; fue una labor de campo y de persuasión científica. En una sociedad profundamente religiosa y, a menudo, recelosa de las innovaciones médicas “extranjeras”, Díaz tuvo que articular un discurso que uniera la caridad cristiana con la eficacia del Estado borbónico.
A través de los documentos de la época, se observa que Díaz estableció un sistema de reportes semanales. No se limitaba a esperar que los ciudadanos acudieran a Caracas; exigía que los subdelegados de las provincias de Coro, Maracaibo y Cumaná informaran sobre el estado de las “punciones” y el número de niños inmunizados.
En un oficio dirigido al Ayuntamiento en 1805, Díaz señalaba la urgencia de no interrumpir la cadena de transmisión:
“El éxito de la conservación del fluido depende de la continuidad. Si una semana dejamos de vacunar, perdemos el tesoro que el Rey ha enviado a estas costas. Es deber de los párrocos exhortar a los padres, pues la vacuna es un don de la Providencia bajo el brazo de la ciencia”.
Archivo General de la Nación (Sección: Sanidad).
El conflicto con los intereses locales
Díaz también se enfrentó a los médicos locales que intentaban cobrar por un servicio que, por decreto real, debía ser gratuito. Su rigor técnico le ganó enemigos tempranos, incluso antes de que la política lo hiciera. Él entendía la vacuna como una herramienta de estabilidad social. Una población sana era una población productiva y leal.
Este celo por el orden sanitario se refleja en su correspondencia con el Dr. Felipe Tamariz, donde discutían los métodos de preservación del fluido en vidrios sellados para ser transportados a los valles de Aragua, un reto técnico mayor dadas las temperaturas de la región.
Para Díaz, la medicina era una extensión del buen gobierno. Mientras los futuros líderes insurgentes comenzaban a conspirar en las tertulias, Díaz estaba obsesionado con las estadísticas de mortalidad. Esta “obsesión” por el dato y la norma sería, años más tarde, la misma que utilizaría para atacar la “anarquía”.
El estallido de 1810 y el colapso del orden sanitario
La estabilidad del sistema de vacunación en la Capitanía General de Venezuela, tan meticulosamente defendida por José Domingo Díaz, no fue víctima de una deficiencia científica, sino del terremoto político de la Junta Suprema de Caracas. Para Díaz, la Revolución del 19 de abril no representaba un grito de libertad, sino el inicio de la anarquía que amenazaba la salud pública.
Como Secretario de la Junta Central de la Vacuna, Díaz observó con horror cómo la estructura administrativa que garantizaba la preservación del fluido se desmoronaba ante la prioridad de las armas. En su obra Recuerdos sobre la rebelión de Caracas, Díaz describe este periodo como un descenso al caos:
“Desde aquel día aciago, todo lo que era orden y beneficio para el pueblo fue sacrificado en las aras de una ambición criminal. La vacuna, que yo había sostenido con tanto desvelo, empezó a padecer los efectos de la deserción y el descuido“.
La vacuna como víctima del conflicto
El principal problema técnico que enfrentó Díaz en 1810 fue la ruptura de la cadena de transmisión. La vacuna se mantenía “brazo a brazo”; es decir, se necesitaba un flujo constante de niños sanos para transportar el virus vacunal vivo. Al estallar la guerra civil las familias huían de los centros urbanos, interrumpiendo las citas para la inoculación.
Los fondos destinados a la Real Expedición Filantrópica y a la Junta de la Vacuna fueron desviados por los republicanos para la compra de pertrechos militares.
La vacunación, vista ahora como una institución “realista”, comenzó a ser mirada con recelo por algunos sectores radicales, a pesar de los esfuerzos de médicos como Vicente Salias (quien, irónicamente, colaboraba con la causa patriota).
La crítica de Díaz a la gestión republicana
Díaz no escatimó en ataques directos contra los líderes de la Primera República. En sus escritos en la Gaceta de Caracas (durante sus periodos de control realista), denunciaba que los “rebeldes” habían permitido que la viruela regresara a los hogares venezolanos. Para él, la lealtad al Rey era sinónimo de “preservación de la vida”, mientras que la revolución de Bolívar era sinónimo de “epidemia y muerte”.
El historiador contemporáneo y testigo de los hechos, Feliciano Montenegro y Colón, respalda esta visión en su Geografía General, señalando que la falta de brazos para el cultivo del fluido en 1811 puso en riesgo décadas de avance sanitario. Díaz se convirtió así en el guardián de un saber que veía desaparecer bajo el humo de las batallas.
La Restauración del Orden y la Vacuna bajo el Régimen de Monteverde
Tras la capitulación de San Mateo en 1812 y la caída de la Primera República, José Domingo Díaz no solo regresó al primer plano político como editor de la Gaceta de Caracas, sino que asumió la tarea de reconstruir lo que la guerra había devastado. Para Díaz, el triunfo de las armas del Rey bajo el mando de Domingo de Monteverde era la oportunidad de restaurar la “salud del cuerpo social”, tanto política como biológicamente.
Díaz argumentaba que la República no solo había traído la guerra, sino que había permitido el regreso de la “peste de la desobediencia” y, con ella, el descuido de la viruela. En un editorial de la época, Díaz expresaba con su mordacidad característica:
“Bajo el estandarte de la rebelión, la vida de los inocentes no valía nada; el fluido que preservaba la existencia se secó en los brazos de los niños por la falta de un gobierno legítimo que velara por ellos“.
El resurgimiento de la Junta Central de la Vacuna
A partir de 1813, Díaz se dedicó a reorganizar la Junta Central de la Vacuna. Sus esfuerzos se centraron en:
- Recuperación del fluido: Ante la pérdida de las cepas locales durante los asedios, Díaz gestionó el envío de nuevas muestras de linfa vacunal desde las Antillas españolas (Puerto Rico y Cuba).
- Centralización administrativa: Restableció el control estricto de los registros de vacunados, una tarea que consideraba sagrada para el orden estadístico del Imperio.
- Propaganda sanitaria: Utilizó la prensa para convencer a la población de que la vacuna era un “don del Soberano”, vinculando la salud pública directamente con la lealtad a la Corona.
La paradoja del médico y el perseguidor
Es en este periodo donde la figura de Díaz se vuelve más compleja. Mientras trabajaba incansablemente para salvar vidas mediante la inmunización, también redactaba las listas de proscripción contra los patriotas. Para él, no había contradicción: “extirpar el tumor del republicanismo” era tan necesario como inocular la vacuna para salvar a la sociedad.
Documentos de la Intendencia de Ejército y Real Hacienda muestran cómo Díaz solicitaba recursos con urgencia, argumentando que un pueblo sano era más fácil de gobernar y defender. Sin embargo, el avance de las tropas de Simón Bolívar durante la Campaña Admirable volvería a poner en jaque estos esfuerzos, forzando a Díaz a equilibrar su maletín de cirujano con la pluma de propagandista de guerra.
El ocaso de un médico realista y el legado de la Junta de la Vacuna
El avance definitivo de la causa republicana y la consolidación del poder de Simón Bolívar marcaron el fin de la influencia de José Domingo Díaz en suelo venezolano. Tras la derrota realista en Carabobo (1821), Díaz se vio forzado al exilio, primero hacia Puerto Rico y luego a Madrid, llevando consigo no solo su lealtad a la Corona, sino sus detallados registros sobre la salud pública de la Provincia de Venezuela.
Desde la distancia, Díaz mantuvo su mordacidad contra el “Libertador”, a quien consideraba el principal destructor de la infraestructura sanitaria colonial. En sus últimos escritos, reflexionaba sobre el destino de la vacuna en una Hispanoamérica fragmentada:
“He visto con dolor que aquello que costó decenios de orden y sumisión a las leyes de la ciencia y del Rey, se ha disipado en manos de quienes prefieren la gloria de las armas a la preservación de la especie. La vacuna, mi desvelo constante, es hoy un recuerdo de lo que fuimos bajo el amparo de España“.
Balance final: Ciencia vs. Ideología
La actuación de Díaz en la administración de vacunas dejó un legado paradójico: Bajo su mando, Venezuela tuvo uno de los registros de vacunación más precisos de la América española pre-independentista. Logró despolitizar el acto médico de la vacunación en los periodos de paz, pero lo utilizó como herramienta de legitimación monárquica en tiempos de guerra. Su rechazo absoluto a la República le impidió colaborar con los avances médicos que el nuevo orden intentaba instaurar, viendo en cada reforma un ataque a la tradición borbónica.
Díaz murió en el exilio, convencido de que la independencia solo traería epidemias y desorden. Sin embargo, la estructura de la Junta Central de la Vacuna que él tanto defendió sirvió de base, irónicamente, para que los gobiernos republicanos posteriores continuaran la lucha contra la viruela, reconociendo, aunque sin darle crédito, que el orden administrativo de aquel “fiel adversario” había salvado a miles de venezolanos.
Referencias
Díaz, J. D. (1829). Recuerdos sobre la rebelión de Caracas. Imprenta de D. León Amarita. [https://bibliotecadigital.aecid.es/bibliodig/es/consulta/registro.do?id=715](https://www.google.com/search?q=https://bibliotecadigital.aecid.es/bibliodig/es/consulta/registro.do%3Fid%3D715)
García de Palacio, J. (1805). Reglamento para la conservación y propagación de la vacuna en la Capitanía General de Caracas. Archivo General de Indias. [https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/description/166094](https://www.google.com/search?q=https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/description/166094)
Montenegro y Colón, F. (1837). Geografía general para el uso de la juventud de Venezuela. Imprenta de Damirón y Dupouy. [https://books.google.co.ve/books?id=f_Q_AAAAYAAJ](https://www.google.com/search?q=https://books.google.co.ve/books%3Fid%3Df_Q_AAAAYAAJ)
Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. (1803-1806). Expedientes y correspondencia sobre la llegada del fluido a Venezuela. Portal de Archivos Españoles (PARES). [https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/description/176587](https://www.google.com/search?q=https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/description/176587)
Universidad Central de Venezuela. (s.f.). Gaceta de Caracas: Edición facsimilar. Biblioteca Nacional de Venezuela. [https://sisbiv.bnv.gob.ve/](https://sisbiv.bnv.gob.ve/)


