La Guerra de Malvinas y la solidaridad de Venezuela con la Argentina 

La Guerra de Malvinas fue un conflicto bélico que se desarrolló en el  Atlántico Sur, entre los días 2 de abril y el 14 de junio de 1982, día en el que Argentina presentó su rendición ante el comandante británico Jeremy Moore.  

Este conflicto, a los venezolanos, nos tocó de forma directa porque, al igual que Argentina, presentamos un reclamo similar de un territorio que fue usurpado por el mismo actor en común, el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Si bien es cierto que, en Argentina gobernaba una Junta Militar de cuestionado proceder, y en Venezuela había una democracia Representativa, también es cierto que no se dudó un instante en apoyar a Argentina en su justa y legítima reclamación territorial por las vías que fueren. 

Para nadie es un secreto que la Junta Militar argentina, encabezada por Leopoldo Galtieri, envió a las fuerzas armadas al matadero para ellos salvar su pellejo, que se enviaron soldados conscriptos de zonas del norte de Argentina que no estaban aclimatados a las inclemencias del frío antártico además de las falencias en cuanto a equipos militares con respecto a los que poseía la Gran Bretaña. A mi juicio esa guerra se perdió desde el minuto 1 cuando se decidió el  envío de tropas a las islas, no porque no esté de acuerdo con el método, para mi cualquier vía de recuperación territorial debe ser válida, sino por el desconocimiento y la subestimación del enemigo, es decir, creer que los británicos no cruzarían el Atlántico para recuperar un territorio que les genera proyección hacia zonas con amplios recursos. 

Geopolítica y Solidaridad Continental de Venezuela

La guerra actuó como un catalizador que puso a prueba las distintas estructuras diplomáticas del continente, además de las lealtades y hermandades profesadas durante años por todos los países del hemisferio. Bajo este  escenario, la Venezuela gobernada por el Dr. Luis Herrera Campins, hizo a un lado los intereses políticos y tomó como bandera la solidaridad internacional con Argentina, país hermano y aliado del continente que, al igual que Venezuela con el Esequibo, presenta un litigio territorial que había que solucionar por cualquier vía.

Esta posición no fue producto del azar o de simple afinidad, fue el resultado  de una sofisticada arquitectura de política exterior que integraba el pluralismo  ideológico, el anticolonialismo y la visión bolivariana de la “Patria Grande” sudamericana, que desafiaba frontalmente a la lógica de la Guerra Fría, encabezada por EEUU y a la hegemonía de las potencias europeas que, aún a finales del Siglo XX, tenían posesiones y litigios con las repúblicas americanas. 

La respuesta venezolana ante la recuperación de las islas por parte de las fuerzas argentinas fue inmediata y contundente, marcando una distinción fundamental entre la legitimidad de un reclamo territorial histórico y la naturaleza política de la junta militar que gobernaba en Buenos Aires. Para Venezuela, la cuestión de las Malvinas trascendía el carácter dictatorial del régimen de Galtieri, situándose en el plano de la justicia histórica y la integridad territorial de América Latina frente a lo que se consideraba el último vestigio del imperialismo británico en la región con lo que, la naturaleza de la ayuda venezolana y las motivaciones subyacentes de su gobierno, además de las implicaciones de este posicionamiento en el marco de las relaciones internacionales de la época, marcaron un hito en el marco de la política exterior venezolana. 

La Doctrina Herrera Campins y el Pluralismo Ideológico 

El gobierno de Luis Herrera Campins (1979-1983) se distinguió por una política exterior activa que buscaba proyectar a Venezuela como una potencia media con capacidad de influencia en el Caribe y Centroamérica. La base de esta proyección era la doctrina del “pluralismo ideológico”, basada en la solidaridad internacional y que permitía a Venezuela mantener relaciones y ofrecer apoyo a naciones con sistemas políticos diversos, siempre que se compartieran objetivos de autodeterminación y justicia internacional. Al estallar el conflicto en 1982, esta doctrina fue puesta a su máxima prueba. 

Los ejes fundamentales de su doctrina internacional fueron: 

Integración Regional y Latinoamericana: Defendió la consolidación de la Comunidad Andina (Pacto Andino) y buscó fortalecer el diálogo con los  países vecinos para impulsar el desarrollo conjunto.

Solidaridad Energética: Desarrolló una diplomacia activa enfocada en apoyar a los países en desarrollo que carecían de recursos energéticos,  buscando garantizarles el suministro de hidrocarburos. 

Defensa de la Democracia y Derechos Humanos: Su política exterior fue una extensión de su filosofía de estado, basada en la democracia  como forma de vida, promoviendo la libertad y el respeto absoluto a los  derechos humanos. 

Alianzas Estratégicas y Geopolítica: Fue pionero en establecer  alianzas energéticas con Europa, buscando diversificar los socios  internacionales de Venezuela. Además, mantuvo una postura activa en la  búsqueda de la paz en Centroamérica. 

Internacional Demócrata Cristiana: Su perfil como político internacional se consolidó a través de su participación en la Internacional Demócrata  Cristiana, alineando la política exterior venezolana con los valores de la democracia cristiana mundial. 

Venezuela había sido históricamente un refugio para los perseguidos por  la dictadura argentina, demostrando una sensibilidad especial hacia las violaciones de derechos humanos cometidas por el Proceso de Reorganización Nacional. Sin embargo, el 8 de mayo de 1982, en un consejo de ministros de carácter especial, Herrera Campins asumió una postura de indudable respaldo, argumentando que Venezuela no podía dar la espalda a Argentina en una lucha contra una potencia extrarregional, independientemente de la ilegitimidad del  gobierno de facto argentino. Esta decisión se fundamentaba en una visión estratégica que entendía que la seguridad y la soberanía de una nación latinoamericana eran indivisibles de la seguridad del resto del continente. 

La Ofensiva Diplomática: La Misión de Paz y Solidaridad

Uno de los pilares más innovadores de la ayuda venezolana fue la creación de la “Misión de Paz y Solidaridad” en mayo de 1982. Esta delegación no fue una iniciativa meramente gubernamental, sino un esfuerzo nacional que incluyó a jefes de los principales partidos políticos de la oposición (como Acción Democrática y el Movimiento al Socialismo), representantes del sector empresarial y diplomáticos de carrera. La misión tenía como objetivo recorrer las capitales europeas para exponer la posición venezolana y argentina, rompiendo el aislamiento diplomático que Londres intentaba imponer sobre Buenos Aires. 

La delegación, presidida por Gonzalo García Bustillos quien era Ministro de la Secretaría de la Presidencia, realizó una gira de 17 días por España, Francia, Italia, la Ciudad del Vaticano y Alemania Federal. En cada destino, la misión utilizó argumentos que apelaban tanto a la historia como a la Realpolitik. En España, lograron el apoyo del Rey Juan Carlos I, quien en la intimidad de las audiencias se mostró crítico con la intransigencia de Margaret Thatcher. En Francia, la misión empleó una táctica de presión económica directa, sugiriendo que la continuidad de las inversiones francesas en grandes obras públicas venezolanas, como el Metro de Caracas, dependía de una actitud más  comprensiva de París hacia la causa latinoamericana. 

Esta labor diplomática fue crucial para matizar la percepción europea del conflicto. Mientras la propaganda británica presentaba la guerra como una lucha entre la democracia y una dictadura agresora, la misión venezolana reencuadró el debate como una cuestión de descolonización inacabada y de la necesidad de  una solución negociada que respetara los derechos soberanos argentinos. La inclusión de figuras de la izquierda venezolana, como Germán Lairet por el MAS, y de la socialdemocracia como Enrique Tejera París por AD, confirió a la misión una autoridad moral que el gobierno militar argentino por sí solo no podía proyectar. 

La fallida invocación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca  (TIAR) 

La posición de Venezuela fue especialmente crítica respecto al papel desempeñado por Estados Unidos y el sistema interamericano de seguridad, ya  que se dejó sola a la Argentina desde la OEA y no se le brindó la asistencia que se requería. EEUU vetó cualquier impulso por ayudar diplomáticamente ya que los intereses y lazos de Washington con Londres eran más fuertes.

Venezuela fue uno de los principales impulsores de la activación del TIAR, bajo la premisa de que el despliegue de la flota británica hacia el Atlántico Sur constituía una agresión de una potencia extrarregional contra un Estado americano. Sin embargo, la decisión de Washington de abandonar su papel de  mediador para alinearse plenamente con el Reino Unido fue percibida en  Caracas como una “traición al continente”, con lo cual el Tratado no pudo ser activado

El gobierno de Herrera Campins denunció que el TIAR había perdido su legitimidad al demostrarse que era un instrumento útil solo cuando servía a los intereses de la Guerra Fría de Estados Unidos, pero inútil cuando se trataba de proteger a un país latinoamericano de una potencia de la OTAN. Esta ruptura emocional y política con el sistema interamericano llevó a Venezuela a proponer, junto con otros países como Perú y Panamá, la necesidad de crear mecanismos de seguridad puramente latinoamericanos que no dependieran de la tutela  estadounidense. Al final, la credibilidad del sistema interamericano quedó debilitado y se manifestó como un órgano que sólo respondía si, y sólo si, a agresiones provenientes del bloque oriental, llámese países del Pacto de Varsovia y no a agresiones meramente extracontinentales. 

La Ayuda Militar y Logística: El Puente Aéreo Secreto 

A pesar de que algunas fuentes históricas convencionales han sugerido que el apoyo venezolano fue primordialmente diplomático, evidencias documentales y testimonios de aviadores, como el Capitán de la FAA Guillermo Donadille, piloto del sistema IAI Dagger del Grupo de Caza Nº 6, confirman la existencia de un apoyo material y logístico significativo que se manejó con altos niveles de discrecionalidad para no comprometer los intereses estratégicos de Venezuela frente a sus propios proveedores de armamento. 

En abril de 1982, Venezuela activó una misión de transporte de largo alcance utilizando un avión C-130H Hercules del Grupo Aéreo de Transporte 6 (GAT-6). Esta aeronave, cargada con aproximadamente 175,000 libras de  material, realizó un vuelo épico desde Maracay hasta la base de El Palomar en Buenos Aires. La carga consistía en suministros críticos solicitados por la Fuerza Aérea Argentina (FAA), incluyendo radares de navegación, repuestos para la flota de Mirage III y, crucialmente, tanques suplementarios de combustible que  permitieron a los cazas argentinos extender su tiempo de permanencia sobre las islas en el teatro de operaciones. 

Detalles del vuelo del Hércules C-130 del Grupo Aéreo de Transporte Nº 6  (Pegasos) FAV-9508 

Origen: El avión partió de la Base Aérea El Libertador (Palo Negro), en el estado Aragua. 

Carga: Transportaba material crítico solicitado por la Fuerza Aérea  Argentina (FAA), incluyendo: 

Radares de navegación para otros aviones Hércules. 

Munición de 30mm y 20mm. 

Tanques suplementarios de combustible para aviones Mirage. 

Desvío estratégico: Aunque el destino final era la Base Aérea de El  Palomar en Buenos Aires, la tripulación cambió su plan de vuelo original. 

• Tras hacer escala en Manaos (Brasil), donde las autoridades brasileñas cuestionaron la carga, decidieron desviarse  hacia Asunción (Paraguay)

• Desde Paraguay, finalmente volaron hacia El Palomar para descargar el material de forma discreta 

Este vuelo es considerado una de las pruebas más tangibles de la cooperación militar directa entre ambos países. Al finalizar la descarga, el avión regresó a Venezuela sin incidentes, aterrizando de nuevo en la base de Palo Negro. La operación del GAT-6 no estuvo exenta de incidentes técnicos y diplomáticos. Durante una escala en Asunción, Paraguay, el avión sufrió el estallido de un neumático y la falla de un motor debido al sobrepeso, lo que requirió una coordinación de emergencia con técnicos argentinos para reparar la aeronave y permitirle continuar su misión. Además de este puente aéreo, la Fuerza Aérea Venezolana (FAV) puso a disposición de sus pares argentinos sus  instalaciones de entrenamiento. 

Dado que ambos países operaban el sistema Mirage, pilotos argentinos pudieron realizar prácticas en los simuladores de vuelo venezolanos para perfeccionar sus tácticas de combate contra la tecnología británica. 

También, Venezuela proporcionó entrenamiento en inteligencia y  Estrategia, la cooperación venezolana incluyó intercambios de entrenamiento y  programas conjuntos. Durante el conflicto, la Fuerza Aérea Venezolana se  declaró en estado de alerta durante el conflicto y el gobierno de Luis Herrera  Campins ordenó preparativos para posibles operaciones de vuelo en apoyo a  Argentina.

Como medida de represalia directa y apoyo político a Argentina, el gobierno venezolano tomó la decisión drástica de anular un contrato de compra ya firmado con Gran Bretaña para la adquisición de 24 aviones de entrenamiento avanzado Hawk (BAE Hawk). Esta decisión tuvo un impacto económico real sobre la industria de defensa británica y sirvió para demostrar que Venezuela estaba dispuesta a sacrificar su propia modernización militar en aras de la solidaridad regional. Este acto fue complementado por la paralización de las relaciones comerciales bilaterales, anunciada personalmente por el presidente Luis Herrera Campins en respuesta a la escalada militar en el Atlántico Sur. 

Relaciones con Estados Unidos y el Contrato de los F-16 

Luis Herrera Campins junto a Ronald Reagan en la Casa Blanca

Las relaciones entre Ronald Reagan y Luis Herrera Campins durante el  conflicto de Malvinas fueron de tensión diplomática profunda y desencuentro  estratégico. Aunque ambos compartían una agenda anticomunista en  Centroamérica, el apoyo de EE. UU. a Gran Bretaña fracturó la confianza  bilateral. En ese momento, Venezuela estaba cerrando el acuerdo para la  compra de 24 cazas F-16 Fighting Falcon, el avión más avanzado de la época,  cuya venta a un país latinoamericano era un hito sin precedentes. El firme  respaldo venezolano a la Argentina puso en riesgo esta transacción estratégica. 

Podemos detallar los puntos clave de ese choque: 

El Choque por el TIAR

Venezuela como líder: Herrera Campins fue el principal impulsor de aplicar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) en la OEA para defender a Argentina, como mencionamos anteriormente. 

La traición de Reagan: Cuando la administración Reagan decidió apoyar  militar y diplomáticamente al Reino Unido, Venezuela lo calificó como  una traición al sistema interamericano, generando el debilitamiento de los  mecanismos de integración y defensa hemisférica. 

Discurso de Herrera: El presidente venezolano criticó duramente que EE.  UU. priorizara su alianza con la OTAN sobre sus compromisos con los  países del hemisferio, dejando en evidencia que Washington tenía  intereses comunes con el Reino Unido y no con América. 

Tensión en las Reuniones de Alto Nivel 

Encuentro en Maiquetía: El 15 de abril de 1982, el Secretario de Estado de Reagan, Alexander Haig, se reunió de urgencia con el Canciller venezolano José Alberto Zambrano Velasco en el aeropuerto de Maiquetía para mantener a Venezuela en una posición de neutralidad frente al conflicto. 

Advertencia venezolana: Venezuela advirtió que el apoyo de EE. UU. a Londres dejaría una herida profunda en las relaciones con toda América Latina y que Venezuela se sentía identificada con el reclamo argentino por su propio conflicto con el Esequibo. 

José Alberto Zambrano, Canciller de Venezuela

Distanciamiento Estratégico 

Centroamérica: Antes de la Guerra de Malvinas, Venezuela era el principal aliado de Reagan para contener la influencia soviética en la  región. Tras el conflicto, esta cooperación se enfrió, llevando a Venezuela  a adoptar una postura más autónoma y crítica hacia Washington. 

Retórica de Herrera: El presidente venezolano llegó a declarar que: “América Latina no debe ser el patio trasero de nadie”, endureciendo su  tono frente a la Casa Blanca.

A pesar de la tensión, Venezuela no rompió relaciones con EEUU, pero el conflicto marcó el inicio de una política exterior venezolana más enfocada en los países del sur, y no alineados, y menos hacia los intereses de Washington. 

En el Congreso de los Estados Unidos y dentro del Departamento de Estado, sectores pro-británicos argumentaron que Venezuela no era un aliado confiable debido a su retórica anticolonialista y su apoyo a un régimen agresor. No obstante, el presidente Herrera Campins mantuvo una postura de dignidad soberana, manifestando a Reagan que la amistad con Estados Unidos no implicaba una subordinación automática a sus intereses extracontinentales. A pesar de los debates, la compra de los F-16 fue finalmente ratificada el 6 de mayo de 1982, pero el episodio dejó una lección duradera sobre la vulnerabilidad  de las dependencias tecnológicas militares en tiempos de crisis geopolítica. 

El Nexo entre las Malvinas y la Guayana Esequiba 

Un factor determinante en la intensidad del apoyo venezolano a Argentina, fue la percepción de una amenaza común proveniente del Reino Unido.  Venezuela mantenía (y mantiene) una reclamación histórica sobre el territorio de  la Guayana Esequiba, una vasta zona que le fue arrebatada mediante el Laudo  Arbitral de París de 1899, por lo cual Venezuela considera nulo e írrito debido a  la colusión británica. La guerra de las Malvinas fue vista por la opinión pública  venezolana como un espejo de nuestra propia lucha territorial. 

Margaret Thatcher intentó explotar este vínculo para socavar el apoyo  regional a Argentina, sugiriendo que la victoria británica en las Malvinas serviría  para disuadir a Venezuela de intentar una recuperación militar del Esequibo. Esta  retórica británica, lejos de amedrentar al gobierno venezolano, exacerbó el  sentimiento nacionalista. El canciller Zambrano Velasco respondió con  vehemencia, señalando que Venezuela siempre había apostado por soluciones  pacíficas en el marco del Acuerdo de Ginebra, pero que la agresión británica en  el sur confirmaba la naturaleza rapaz de la política colonial de Londres.

Movilización Social y Cobertura Mediática 

Programa Especial “ARGENTINA NO ESTAS SOLA”, por RCTV

La solidaridad venezolana no fue solo una estrategia de las élites diplomáticas; se manifestó como un movimiento de masas que permeó todos los estratos de la sociedad. Los medios de comunicación jugaron un rol fundamental  en la construcción de este consenso nacional. El evento “Argentina no estás sola”, organizado por RCTV, se convirtió en un símbolo de la fraternidad iberoamericana, recaudando fondos y uniendo a figuras de la cultura para expresar un rechazo unánime a la intervención británica. 

Diarios de circulación nacional como El Nacional y El Universal mantuvieron una cobertura diaria que resaltaba la dimensión histórica del  conflicto. Los titulares de la época reflejan una identificación total con la suerte de los soldados argentinos en el frente, a menudo estableciendo paralelismos con las gestas independentistas de Bolívar y San Martín. Esta efervescencia social fue tal que se registraron solicitudes de ciudadanos venezolanos ante la embajada argentina en Caracas para alistarse como voluntarios para combatir en el Atlántico Sur. 

Se estima que un aproximado de entre 1.000 y 2.000 venezolanos, se inscribieron formalmente en las listas de la embajada argentina, siendo los perfiles que más lo hicieron universitarios, reservistas de los 4 componentes de las Fuerzas Armadas junto a médicos y enfermeros, siendo la principal motivación el rechazo hacia la agresión británica a Argentina. 

El embajador argentino, Federico Barttfeld, agradeció profundamente el gesto de los venezolanos, pero más allá de la voluntad y el hermanamiento había razones legales y logísticas que hacían imposible incorporar a ciudadanos extranjeros en las Fuerzas Armadas Argentinas. El apoyo fue tan visible que las calles cercanas a la embajada argentina en la urbanización El Bosque, solían estar llenas de personas esperando su turno para firmar el libro de voluntarios. 

Eladio Larez, en “ARGENTINA NO ESTAS SOLA”

El Rol de la Opinión Pública y la Intelectualidad 

Grandes intelectuales venezolanos analizaron el conflicto como una  oportunidad para redefinir la identidad latinoamericana. Arturo Uslar Pietri, entre otros, argumentó que las Malvinas habían “despertado” al continente de su letargo y le habían recordado su vulnerabilidad frente a los centros de poder global. Uslar también criticó duramente la postura de EEUU al apoyar al Reino  Unido. Sostuvo que el conflicto marcaba la muerte del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), ya que, a su juicio, Washington había preferido su alianza con la OTAN sobre sus compromisos de defensa mutua con las naciones latinoamericanas. Esta corriente de pensamiento reforzó la idea de que la integración no debía ser solo económica, sino estratégicamente política y defensiva. 

Implicaciones a Largo Plazo y Legado Diplomático 

La derrota militar argentina el 14 de junio de 1982 no significó el fin del apoyo venezolano, sino su transformación en una política de Estado permanente. Desde 1982 hasta el presente, todos los gobiernos venezolanos, sin importar su signo político, han mantenido la defensa de la soberanía argentina sobre las Malvinas en todos los foros internacionales. 

La actuación de Venezuela durante el conflicto de las Malvinas representó un ejercicio de soberanía y solidaridad que desafió las convenciones de la  diplomacia tradicional. Al priorizar el principio anticolonial y la identidad latinoamericana sobre las presiones de las grandes potencias, el gobierno de Luis Herrera Campins no solo brindó un apoyo material y moral vital a la Argentina, sino que también sentó las bases para una nueva visión de la integración regional basada en la defensa mutua y el respeto a la integridad territorial. El puente aéreo de del Grupo Nº6 y la valiente gestión de la misión diplomática, tanto en la OEA como en Europa, quedan como testimonios de una época en la que Venezuela asumió con audacia el liderazgo de la “Patria Grande”.

David Figueroa Santana
David Figueroa Santana
Licenciado en Estudios Internacionales y locutor (UCV) Redactor, creador de contenido y analista en Venezuela Inmortal.

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