Miguel Ángel Caballero para Venezuela Inmortal

La llegada del XIX trajo consigo fuertes exigencias de parte de las colonias en cuanto a su soberanía, las causas libertarias y emancipadoras ya habían tomado rumbo, la colonización y sus desmanes, no tenían más cabida en la vida diaria del venezolano común, los movimientos que buscaban la libertad seguían creciendo destinados a obtener la tan
anhelada independencia.

En el albor de la enemistad que bien se habían ganado los colonos españoles, patriotas venezolanos, criollos, judíos y hasta holandeses que se habían visto distanciados producto de las diferencias por intercambios comerciales, se unieron en una causa común por ello cuando asomó la voluntad venezolana de emanciparse los judíos sefardíes, que habitaban en Curazao, estuvieron dispuestos a apoyarlos.

Batalla de Junín – 6 de agosto de 1824

Venezuela firmó su independencia en el glorioso año de 1811, sin embargo el imperio español reacio a la idea de perder el control sobre la provincia de Venezuela, hacen un férreo frente militar que buscaba apagar los ideales libertarios, por lo que el ejército de patriotas sufre algunas bajas y se ve en la penosa necesidad de retirarse momentáneamente.

En 1812, cuando el asedio de las fuerzas realistas contraatacaron a las fuerza criollas comandadas por Francisco de Miranda, que para el momento fue incapaz de hacer frente a los ataques, a causa de las constantes deserciones que se daban en sus fuerzas, situación que se agravó por el terremoto ocurrido el 12 de marzo de 1812 que logró afectar a la mayoría de los centros poblados controlados por los patriotas. Miranda trato de resistir el ataque realista pero la caída de la Plaza de Puerto Cabello, controlada por Simón Bolívar y la rebelión de los esclavos en Barlovento, así como el creciente número de los ejércitos españoles liderados por Juan Domingo de Monteverde desde Valencia y José Antonio Yánez desde la localidad de Calabozo le hicieron imposible resistir, es así como el general Francisco de Miranda capitula ante los realistas, es detenido y enviado a una prisión de España, donde terminará sus días. Así muere la Primera República, obligando a que los partidos huyan y se dispersan por el Caribe.

Después de la derrota en Puerto Cabello, Simón Bolívar, con ayuda de sus amistades en Caracas, logra salir de Venezuela y se hospeda en Curazao, en casa de Abraham de Meza y consigue apoyo en los buenos consejos del doctor Mordechay Ricardo, una respetada figura de la comunidad sefardí de la isla, dos años más tarde también acogería en su hogar a Juana y María Antonia Bolívar que venían huyendo a toda carrera de los días de terror que había implantado José Tomás Boves.

Bolívar agradeció este noble gesto de Ricardo hacia sus hermanas, en una carta escrita Kingston, Jamaica, el 7 de noviembre de 1815, manifestándole: “Ahora repito a usted las gracias que antes le he dado por la bondad con que ha tratado a mis desgraciadas hermanas y por la memoria que siempre ha hecho de mí, aun cuando la suerte no me ha favorecido, prueba incontestable de la liberalidad de los sentimientos de usted y de la nobleza que le caracteriza”.

Mordechay Ricardo fue descendiente de una familia sefardita prominente que abandonó España y se refugió en Holanda a mediados del siglo XVII. Ricardo había llegado a Curazao en 1802 donde contrajo matrimonio con Esther Froiz de Andrade de Sola. En 1808, en el ejercicio de su profesión de abogado, carrera que había estudiado en Holanda, recibió el cargo de “Inspector of His Majesty’s Public Roads in this Island” y “Traductor Oficial de los idiomas inglés, holandés, francés, español y portugués” de parte del gobierno de ocupación inglés de la isla de Curazao, en sus funciones acompañó al gobernador de Curazao, James Cockburn, en una visita a Venezuela en febrero de 1809. Cuando se hubo restablecido el gobierno holandés en la isla en 1816, Ricardo ostentó los cargos de Procurador General del Tribunal Colonial y Auditor de la Milicia Urbana.


La depresión hizo mella en la vida de Simón Bolívar al llegar a Curazao, estaba derrotado y desilusionado, la isla le brindó paz, sosiego y los sabios y motivadores consejos de Mordechay Ricardo, que provisto de una de las bibliotecas más laureadas de la época, le permiten al Libertador venezolano afinar su pensamiento para forjar los trascendentales documentos con que daría comienzo a su campaña libertadora.

El escritor John de Pool, en su libro “Bolívar en Curazao. Leyenda histórica, revela que El Libertador redactó el Manifiesto de Cartagena en Curazao y al despedirse de del doctor Mordechay Ricardo le leyó aquel documento. “Usted dice cosas que parecen disparates, pero que en realidad son demasiado avanzadas para la mentalidad de nuestros días. Yo no sé si me equivoco, pero me parece distinguir a través de sus ideas algo de la iluminación del
genio. Del genio que hace esfuerzos en despertar, pero que no será comprendido y mucho menos apreciado fue la contestación de Ricardo.

La comunidad sefardí en Curazao apoyó sin temor al poderío inglés, la justa causa de Simón Bolívar. Pero ¿Qué motivó a los sefardíes curazoleños a asumir esa valiente actitud? Los judíos tornaron parte importante en la desintegración del Imperio Español. Su expulsión en 1492 fue un desastre para España desde muchos puntos de vista. Primero, en cuanto a la población, pues formaban parte de España; luego, en cuanto a la calidad, pues eran en su mayoría gente perita y diestra, sobre todo en artes y oficios. Bolívar entre sus antepasados también tenía parte en el pueblo judío quinto abuelo paterno, D. Simón de Bolívar, apellidado “El Viejo”, se había casado en 1568 en La Española (Santo Domingo) con doña Ana Hernández de Castro, hija de don Francisco Hernández de Castro y de doña María Álvarez de Bobadilla y nieta del capitán Melchor de Castro, uno de los primeros pobladores de los nuevos mundos, converso, descendiente de una antigua familia judía española.

Llegada la guerra de la Independencia los primeros en apoyar la causa son los sefardíes y neerlandeses, son ellos los que van ayudar y proveer de pertrechos a la joven República. David Castiello Montefiore fue uno de los que financiaron las campañas de Bolívar. Joshúa Naar facilitó dinero en varias oportunidades al Libertador a través del Almirante Brión, y en 1821 David Hoheb también le hizo algunos préstamos.

En 1818, mucho antes de fijar residencia en Coro, en Angostura se presentó Joseph Curiel acompañado de su familia para conocer al Libertador y ofrecerle personalmente el apoyo de los judíos del Caribe, apoyo que se verá respaldado con la participación militar activa de tres destacadas figuras: Benjamín Henríquez, Samuel Henríquez y Juan Bartolomé de Sola.

José Félix Ribas, Nicolás Anzola y Manuel Díaz Casado lograron salir a escondidas de Curazao y fueron trasladados a Cartagena de Indias, en 1812, gracias a las labores de Benjamín Henríquez, quien se había relacionado con los patriotas. Es así como en 1813, en compañía de varios oficiales, firmó un plan organizado por el coronel Antonio Nicolás Briceño para ser sometido a la consideración del entonces brigadier Simón Bolívar y del coronel Manuel Castillo y Rada para libertar a Venezuela. En mayo de 1813, Briceño, comandando una expedición en la que participaba Henríquez, fue capturado en Barinas por el jefe español José Yánez. Henríquez logró escapar a Trujillo, donde dio la noticia del fracaso de la expedición de Briceño a Simón Bolívar y se incorpora a sus fuerzas, figurando en la Campaña Admirable así como en las Batallas de Vigirima y Araure. Tres años después, en Los Cayos (Haití), Bolívar confiere a Henríquez el grado de Capitán de Artillería y le enrola en la escuadra de Luis Brión que zarpa de ese puerto.

Después de la derrota de los republicanos en la Batalla de Los Aguacates (1816), Henríquez regresa a Curazao en busca de ayuda pero, debido a su fogosa actividad en favor de la independencia de Venezuela, es detenido y obligado, al ser liberado, a abandonar la isla.

Regresa de nuevo a Venezuela y se reincorpora al ejército del Libertador, siendo ascendido en 1818 al grado de Teniente Coronel. Juan Bartolomé de Sola, primo de Mordechay Ricardo, también era natural de Curazao
donde había nacido en 1795, hijo de Yeudah de Sola y de Sara Ricardo.

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