Para 1.946 el poder estaba en manos de Rómulo Betancourt, presidente de la llamada Junta Revolucionaria de Gobierno (JRG) tras derrocar al gobierno constitucional del presidente Medina Angarita, mediante un cruento golpe de estado que rompió el hilo constitucional,  con más de cuatrocientos muertos y miles de heridos. El gobierno de Betancourt había tomado un carácter sectario y excesivamente partidista, creando un ambiente de división en la sociedad venezolana, caracterizándose por el desorden administrativo, por la utilización del poder judicial para perseguir a los adversarios políticos mediante juicios sumarios de tribunales especiales (los llamados “tribunales de responsabilidad civil y administrativa”) y por crear un ambiente de violencia con la utilización de colectivos armados, llamados popularmente “los cabilleros”, el cierre o confiscación de medios de prensa que no le eran afines (El Morrocoy Azul, El Tiempo, Ahora, El Heraldo, etc) ataques a la educación privada y a la iglesia católica.

Esta situación produjo una radical oposición de densos sectores de la sociedad que añoraban el clima de paz de los gobiernos anteriores, de Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita, en los cuales la sociedad venezolana avanzaba a paso firme en un cívico proceso de democratización, con instituciones nuevas, dentro de un clima de paz, con respeto absoluto por las libertades ciudadanas, total libertad de prensa, con la legalización de todos los partidos políticos,  sin un solo preso político o exiliado y habiendo desaparecido totalmente de la escena nacional la tortura y el crimen político.  Asimismo, dentro de los militares en el gobierno, que habían apoyado el golpe contra Medina Angarita había un grupo de oficiales que se sentían relegados, descontentos y distanciados de la JRG ya que no veían satisfechas sus aspiraciones castrenses. 

EL GOLPE

Así las cosas, el 11 de diciembre, simultáneamente en Carabobo, Aragua y Trujillo se produce un alzamiento cívico militar contra el gobierno de la JRG. En Trujillo se alzó el viejo caudillo Juan Bautista Araujo, a quien seguían ciegamente centenares de campesinos armados. Los hechos de Valencia tienen un particular interés para mí, ya que fue el último alzamiento en el que participó mi abuelo Luis Eudoro Medina, y el único en que se implicó mi padre Heraclio Medina. Ambos terminaron siendo presos políticos por estos hechos.  En Valencia el componente civil de los golpistas estaba integrado por una extraordinaria cantidad de notables personalidades de la ciudad: abogados, médicos, productores agropecuarios, comerciantes y hasta un sacerdote hacen fila entre los golpistas; nombres como Luis .F Waskier, Darío Hoffmman, Atilio Galli, Carlos Enrique y Luis Felipe López,  los hermanos. Betancourt y Galindez, Bernardo Antonio Heredia (el cura párroco de Guacara), Amílcar Gómez, Armando Celis Saune entre otros, que salen a la calle junto con los militares alzados, liderados por el comandante de la guarnición de Valencia, el teniente coronel Juan Pérez Jiménez, hermano de Marcos (quien al momento era Jefe del Estado Mayor). 

A tempranas horas, y aún antes de que los militares alzados tomaran sus posiciones,  las acciones civiles se inician comandadas por el sacerdote Bernardo Heredia, quien metralleta en mano toma la gobernación y hace presos al gobernador Manuel García Guevara, al prefecto Fernando Ortega y a medio centenar de dirigentes de Acción Democrática.  Cuenta Oscar Yanes que:

“El cura Heredia a punta de ametralladora obligó a hablar por radio al Gobernador del Estado para que anunciara que el golpe había triunfado.  La treta del cura terminó de sembrar la confusión en la propia ciudad de Caracas y hasta en el diario El País, vocero de Acción Democrática, los trabajadores comenzaron a comentar en voz baja:

-¡¡¡Cayó Valencia¡¡¡Esta vaina se jodió.-“ (Yanes, Oscar. “Amores de Ultima Página, p. 316, Edit Planeta.  Colombia 1.997). 

En horas de la tarde los alzados habían logrado el control total del Estado Carabobo sin hacer un solo tiro y sin derramamiento de sangre.

En Maracay se alzó el mayor Carlos Maldonado Peña, subinspector de la Aviación, en la Base Boca de Río, quien logró que uno o dos aviones sobrevolaran Caracas e intercambiaran fuego de ametralladoras con las defensas antiaéreas del palacio de Miraflores, mientras tanto resistía el asedio por tierra y aire de las fuerzas del gobierno.  En Caracas debía alzarse el Jefe de la Guarnición de la ciudad, Teniente Coronel Enrique Rincón Calcaño, pero lo hicieron preso antes que se alzara y amenazado de muerte lo obligaron a hablar por la radio anunciando el fracaso de la conspiración.  Ante la imposibilidad de la toma del poder en Caracas, a las fuerzas alzadas en Valencia y Maracay no les quedó mas remedio que rendirse; los aviadores de Maracay huirían en sus aviones y llegarían hasta Colombia donde lograron el asilo político.  Los alzados en Trujillo continuaron algunos días la resistencia, pero al no contar con solidaridad en otras partes del país, no les quedó mas remedio que deponer las armas.

HERMANO CONTRA HERMANO

Esta intentona de golpe de estado, reproduce en lo micro, el macro-drama de las luchas fratricidas en Venezuela, aquí se vieron enfrentados dos pares de hermanos: En Valencia el líder de los militares (Juan Pérez Jiménez) era hermano el Jefe del Estado Mayor del gobierno (Marcos Pérez Jiménez), quien dirigiría las operaciones contra el golpe.  Le tocó a Juan rendirse ante su hermano Marcos, y por otro lado los Vargas Cárdenas: el capitán Mario Ricardo, ministro del interior del gobierno y el mayor Julio Cesar aupando la conspiración desde el extranjero ya que desde tiempo antes había manifestado su oposición al gobierno de Betancourt y la JRG)

LA REPRESIÓN.

Al tomar el control de la situación las fuerzas del gobierno y los colectivos de aquellos tiempos, los “cabilleros” o “bandas armadas” de AD emprendieron una gigantesca cacería en contra de todo miembro de la oposición que les pareciera golpista. En Valencia se llenaron los calabozos de la policía y de la vieja cárcel de la calle Libertad.  En las detenciones e interrogatorios participaron activamente los milicianos de AD, sin ser funcionarios policiales.  Así lo denunció uno de los detenidos, el Dr. Luis Rafael Betancourt y Galíndez al declarar al tribunal:

 En altas horas de la noche muchos de los detenidos fueron llamados a declarar ante miembros de “Acción Democrática”, Arturo Hidalgo, Hermes Barrios Piñango, Augusto Tarbes, Tomas Pino, José Malpica, Alejandro Izaguirre y otros, quienes haciéndose pasar por funcionarios de la policía y unas veces con amenaza y otras con promesas de libertad interrogaban a los detenidos, haciéndoles decir o declarar bajo su antojo. (  Pinto Prada, Rafael Agustín  «Administración de Justicia en Carabobo durante el Trienio 1945-1948»

En Caracas el antiguo Club Nocturno “Trocadero”, famoso por reunir a lo mas selecto de la política y la sociedad de Caracas en los tiempos de Medina, ahora era convertido en un mini-campo de concentración a donde se llevaron a docenas de caraqueños de oposición, pese a que en la capital no hubo acciones golpistas, entre ellos Jóvito Villalba,  Guillermo Negrete, J.M. Domínguez, Horacio Guerrero, Juan Francisco Miers,  Manuel Pelucarte, entre otros. 

En Maracaibo pese a que no hubo alzamientos, también se detuvo a un buen número de ciudadanos simpatizantes de  la oposición.  Muchos de los detenidos de Caracas y Valencia fueron salvajemente torturados, una práctica que los venezolanos consideraban execrada de nuestras cárceles, ya que no se había visto desde los tiempos de la dictadura de Juan Vicente Gómez.

Al padre Heredia le lanzaban excrementos a su calabozo y lo presionaban para que falsamente inculpara al obispo de la ciudad, Monseñor Adam, acusándolo de estar implicado en el golpe. También lo encerraron en el calabozo con unas prostitutas medio desnudas. En el Trocadero le aplicaban electricidad a los presos en los testículos, oprobiosa práctica que jamás antes se había visto en Venezuela, ni siquiera en las peores dictaduras de principios de siglo. Un grupo de damas valencianas, entre ellas Carmen Marciano, Luisa de Celis, María de Toro, Isabel Iturriza y Cecina de Galli, entre otras,  denunció  las torturas a los presos ante la Asamblea Nacional Constituyente, la que nombró una comisión especial para investigar el caso, presidida por el diputado Ambrosio Oropeza, la que comprobó la veracidad de los tratos crueles inferidos a los presos políticos.  Como es costumbre, se solicitó al poder judicial que en contra de los culpables “se aplique todo el peso de la ley y se llegue hasta las últimas consecuencias.” Los presos de el “Trocadero” fueron liberados a mediados de Enero. En cuanto a los presos de Valencia, continuaron detenidos sin juicio alguno hasta ser indultados un año después por el nuevo presidente Rómulo Gallegos.  Así fueron las cosas.

Fuentes:

Yanes, Oscar. “Amores de Ultima Página, p. 316, Edit Planeta.  Colombia 1.997

Cordero Velazauez, Luis “Betancourt y la Conjura Militar del 45”, Caracas 1.978

  Pinto Prada, Rafael Agustín  «Administración de Justicia en Carabobo durante el Trienio 1945-1948».  Ediciones de la Secretaria de la Gobernación del Estado Carabobo. Valencia. 2009

Rivas Rivas, José. “Historia Gráfica de Venezuela” Centeno Editor C.A. Tomo 3.  Edición digital.

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