La vida venezolana, en los últimos suspiros del siglo pasado, pareció disolverse en su propia sombra mezquina, como si un velo oscuro hubiese descendido sobre su herencia gloriosa de tradición, libertad y heroísmo. La vitalidad congénita de nuestra historia, tallada a fuerza de lanza en la epopeya de la independencia, se adormeció sobre la tierra de Bolívar, quedando inmóvil, exangüe, como si la lozana savia del espíritu nacional hubiera sido absorbida por raíces muertas, tullidas.…


