Cuando en los primeros pasos del siglo presente las tecnologías asomaban con sus impresionantes avances sobre las montañas digitales de nuestras sociedades posmodernas, el futuro parecía difuso. El futuro —ese territorio incierto del mañana, ese estado aún por nacer de todas las cosas— jamás puede contemplarse con claridad. Es un don reservado a unos pocos: a esos seres que poseen dentro de sí un hálito de luz profética. Pienso, por ejemplo, en las advertencias de…



Bellísimo
Breve, denso, duro pero válido artículo. Un aplauso