¿Por qué decimos “El Táchira”?

En la cartografía del lenguaje existen partículas que poseen el peso de una cordillera. Para nosotros, el artículo definido “El” antepuesto al nombre de nuestro estado no es un accidente del habla ni un rústico arcaísmo; es, en estricto sentido, un marcador ontológico de soberanía. Decir “Soy del Táchira” es un acto de afirmación política y cultural que se resiste a ser borrado. No hablamos de una simple coordenada geográfica, sino de un sujeto histórico indomable que decidió bautizarse a sí mismo para no ser más un satélite de voluntades externas.

La gestación de una identidad (1561-1830)

Luego de la independencia de España, nuestra esencia se forjó en el “Finisterre” occidental de la Provincia de Mérida. No obstante, desde la fundación de San Cristóbal en 1561 y la Gobernación del Espíritu Santo de La Grita en 1576, ya se habían trazado los primeros ensayos de nuestra conformación territorial e independencia administrativa. En esta “raza cósmica” de los valles, páramos y piedemonte, nació una fuerza que se negaba a etiquetas impuestas.

La voz de la historia en cuatro testimonios

1. El testimonio de un Obispo (1848): Durante la insurgencia contra el presidente José Tadeo Monagas, el Táchira demostró su propio peso. El 4 de marzo de 1848, Monseñor Juan Hilario Bosset, Obispo de Mérida de Maracaibo, enviaba una carta urgente a los curas tachirenses reconociendo que éramos un bloque diferenciado: “[…] yo empeño mucho a usted a fin de que con su influjo haga que todo calme y se unan los tachireños a nosotros (los merideños)”. Para el Obispo, ya no éramos simplemente habitantes del occidente, éramos los tachireños, un cuerpo social distinto.

Supuesta imagen de Juan Hilario Bosset

2. La definición del Padre Piñeiro (1849): Un año después, el Padre Ciríaco Piñeiro dejaba constancia que nuestra identidad ya era una fuerza política ganadora. En una carta de justificación, del 21 de marzo de 1849, explicaba: “Desde antaño había en esta provincia dos partidos… uno de los cantones de Oriente o de Mérida y el otro del Occidente o del Táchira… siendo el último siempre el triunfante». Aquí el artículo “del” (de + el) ya marcaba una propiedad territorial y política absoluta.

3. El informe de Castelli (1855): La necesidad de nuestra autonomía era evidente incluso para los diplomáticos. Luis G. Castelli, legado Extraordinario ante la Nueva Granada, en un informe crítico, advertía al Ministro del Interior sobre el “espíritu de oposición” de nuestra gente y la necesidad imperativa de dividir la Provincia de Mérida en dos:

“De aquí se deriva forzosamente lo que en realidad está sucediendo respecto de los intereses locales y diversidad de opiniones en los habitantes: los cuatro cantones occidentales se quejan de que las autoridades provinciales desconocen o no están jamás dispuestas a atender bien las exigencias de su localidad especial: los Orientales, por su parte, viven inquietos por el espíritu de oposición y discordia en que ven uniformarse cada día con más vehemencia a sus comprovincianos de Occidente, las opiniones políticas tienden a formar siempre, dos opuestos bandos, cuyo verdadero objeto es dominarse en absoluto con la ocupación del poder provincial, tomando una sección, por antagonismo con la otra, la bandera contraria de las que alzan los grandes partidos nacionales: por lo mismo, las elecciones son verdaderos combates en que se recurre a todo género de intrigas para sojuzgar a un enemigo aborrecido; y el ejercicio de la autoridad, impotente en semejante estado para propender al bien, no es sino la continuación de una lucha que no tiene término, y que mantiene las pasiones en exaltación constante”.

4. La autonomía (1856): El 14 de marzo de 1856 nace oficialmente la Provincia del Táchira, no “de Táchira”. Aunque se propuso inicialmente llamarla “Provincia del Torbes”. Es nuestro criterio que la fuerza política del nombre “Táchira” se impuso en el debate legislativo en el Congreso Nacional de la República de Venezuela. Se entendió que el nombre “del Táchira” ya poseía una raigambre y una potencia que ninguna otra palabra podía igualar.

Mapa del Táchira

Una región que se pertenece a sí misma

El orgullo regional alcanzó su cenit en 1896, cuando el Dr. Santiago Briceño y la Sociedad Patriótica de Táriba propusieron que los tachirenses donaran un buque de guerra para defender el Esequibo del imperio británico, bautizándolo —y no podía ser de otra forma— como “El Táchira”.

Por ello, el llamado a quien sienta esta tierra en sus raíces es absoluto: rechacemos la idea de referirnos al Táchira como una simple división administrativa, sólo por copiar o repetir una forma de hablar que no es nuestra. Al decir con orgullo “Soy del Táchira”, y no “de Táchira” no solo invocamos una identidad única y una geografía, sino que reivindicamos el legado de aquellos ancestros indomables que jamás entregaron su autonomía. Somos una región que, por derecho histórico y voluntad propia, se pertenece a sí misma y tiene su lugar entre los pueblos del mundo, y se ha ganado con sus hazañas y su esfuerzo propio el respeto.

Samir Sánchez
Samir Sánchez
Doctor en Filosofía y Letras (Historia y Sociedades) por la Universidad de Deusto (Bilbao, España), con especialización como metodólogo teórico y formación en Educación y Ciencias Sociales. Profesor en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad de Deusto (UD), impartiendo asignaturas como Historia del Pensamiento Político, Ética y Valores, y Opciones críticas ante los retos de un mundo global. Anteriormente, fue Profesor Titular e Investigador en la Universidad Católica del Táchira (UCAT - Venezuela) en áreas como Sociología, Historia del Arte e Historia del Urbanismo, y es Investigador ad honorem de dicha universidad desde 2018.

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