Luis Heraclio Medina Canelón

Miembro correspondiente de la Academia de Historia del Estado Carabobo

Generalmente el público percibe a los personajes históricos como una especie de estatuas, tiesos y graves, seres impolutos, sin pasiones, defectos o debilidades, pero la realidad es que aquellos personajes que marcaron el pasado eran igual que nosotros, con todas sus debilidades y flaquezas.

Cuando se habla de lo que generalmente se llama la “Legión Británica” se piensa en unos soldaditos de plomo, con impecables y relucientes uniformes como si estuvieran de guardia en el Palacio de Buckingham, pero con los legionarios que vinieron de Europa a luchar bajo las órdenes de Bolívar no todo era color de rosa, mas bien, hubo varios episodios deleznables, aunque esto no le quite el extraordinario valor a aquellos combatientes europeos.

De la vieja Europa varios contratistas trajeron una cantidad de aproximadamente cinco mil hombres a quienes se ofreció una paga y tierras. Vinieron en distintas oleadas y con distintos   agentes. Provenían de Irlanda, Inglaterra, Escocia, Hannover (Alemania) y de algún otro lugar. Muchos (demasiados) eran oficiales y no todos eran militares.

La disciplina de aquellos hombres no era impecable: Los primeros problemas de conducta los refiere el general Rafael Urdaneta en sus “Memorias”. A poco de llegar cuando inician operaciones en Barcelona:

A Rafael Urdaneta le tocó lidiar con los problemas de indisciplina de los irlandeses tan pronto llegaron.

“pero las tropas inglesas encontraron mucho ron en toda la ciudad, se desbandaron y antes de una hora no se podía contar con un soldado que no estuviese borracho…tendidos por las calles, pareciendo un campo de batalla derrotado.”  

Y luego de que les pasó la borrachera quisieron saquear la ciudad. Sigue contando Urdaneta:

“volvieron del camino, diciendo que no emprendían nada antes de saquear la ciudad que era suya”

Urdaneta les hizo frente de manera enérgica, negándose a permitirles el saqueo y se volvieron a acostar en el suelo a dormir.

Poco después de esto, muchos de los ingleses molestos por no haber podido saquear y alentados por promesas que hacía Morillo de regresarlos a su país y cumplirles lo que no les estaban cumpliendo los venezolanos comenzaron a desertar.  Desconocedores del territorio no pudieron llegar muy lejos. Muchos fueron capturados, enjuiciados por una corte marcial y fusilados. Otros se enfrentaron a las tropas de Urdaneta quien relata:

“…otros (ingleses) más fuertes en número fueron detenidos por una guerrilla de patriotas, …los detuvo a viva fuerza, habiendo muerto en combate 19 y siendo cogidos vivos 18…”

La Legión Irlandesa

Otro suceso lamentable fue el protagonizado por parte de la llamada “Legión Irlandesa”, que originalmente había llegado a Margarita y Angostura, que luego parte de ella fue enviada a Nueva Granada, mientras que otros batallones se quedaban en Venezuela. En Riohacha por falta de pagos y la falta de ropas y calzados la unidad se amotinó, y se negó a combatir cuando el enemigo estaba prácticamente frente a las fuerzas colombianas y huyó del país en varios buques que tomaron.

Bolívar se expresó así de estos hechos:

 «Nada he extrañado de lo que usted me dice de la legión irlandesa. Todo lo temía de esos verdugos que, si no les pagan, no matan, y que son como aquellas cortesanas que no se rinden sino después del cohecho. Así, he visto con placer la separación de esos viles mercenarios; y, por el contrario, vería con horror que deshonrasen aún nuestras filas, después de los excesos cometidos en Río del Hacha.» (Felipe Larrazábal, Vida del Libertador Simón Bolívar, Tomo II, Págs. 259 a 260.—Editorial América, Madrid).

El Motín de Achaguas

Los legionarios que quedaban en Venezuela estaban bajo las órdenes de Páez, quien tenía sus cuarteles en pleno llano, en Achaguas. Pero sucede que en la Legión había un excesivo número de oficiales, lo que causaba cierto descontento entre los de más bajo rango (tenientes y capitanes) ya que estando ocupadas las jerarquías por los mayores y coroneles poca posibilidad tendrían de ascender.

A esto se agregaba las malas raciones (generalmente carne, a veces sin siquiera pan) la poca ropa y calzado de que disponían y la frecuente demora en sus pagos.

Es así que  un grupo de oficiales de menor jerarquía entregaron a Páez una carta, por medio de su comandante, el coronel Blosset, quejándose de la escasa  posibilidad de escalar jerarquías, pero Páez no le dio importancia al malestar de los legionarios y más bien los reprendió por impertinentes.

Pero al día siguiente, 28 de octubre de 1820, estalló el conflicto: Los quinientos miembros de la legión desconocieron a sus mandos naturales y se amotinaron comandados por el capitán Luis Riddescadal. Entre lo primero que hicieron fue botar la carne de sus raciones porque no era de su agrado. Querían matar a sus propios oficiales, saquear el pueblo y tomar los buques surtos en el puerto de Angostura.

El motín de la Legión en Achaguas fue el más grave incidente.

Los amotinados fueron en busca del coronel Blosset, quien se salvó porque se escondió en una casa, mientras que el teniente coronel Deivi trató de enfrentarse a sus hombres recibiendo cinco bayonetazos que lo dejaron fuera de combate y al borde de la muerte. 

En eso avisan Páez de la situación. El Catire inmediatamente hace retirar a todos los barcos del puerto y rápidamente se dirige al lugar donde se encuentran los quinientos amotinados con apenas un grupo de ochenta de sus hombres.

Al llegar impone su autoridad a los amotinados, regresa a sus oficiales a sus mandos y ordena silencio amenazando con matar en el acto al primero que hablase. Los oficiales depuestos, aun temerosos de sus propias tropas rebeldes asumieron sus puestos frente a sus compañías.

La autoridad de aquel hombre debió ser algo imponente que con su sola voz pudo controlar el motín. Seguidamente ordenó que los jefes de la revuelta dieran dos pasos al frente. El teniente Luis Riddescadal y seis suboficiales cumplen la orden y Páez sin dar tiempo a que nadie pestañee hace decapitar a los siete.  Una compañía trata de intervenir para salvar a sus compañeros y Páez se atraviesa y los detiene. El general los amenaza con que decapitará también al que vea con el semblante afligido y les dice que será implacable contra cualquier otra falta de disciplina.

Con un mínimo derramamiento de sangre y en una tremenda desproporción de fuerzas el general Páez, sólo con su ímpetu y autoridad, pudo resolver una situación que estuvo a punto de causar graves consecuencias y mucho derramamiento de sangre.

Los legionarios luego de las instrucciones que impartió Páez regresaron a su cuartel y regresó la calma a la ciudad.

El general Páez, con apenas unos ochenta de sus cazadores pudo imponer su autoridad a la legión insubordinada.

La gota que derramó el vaso.

Apenas dos meses después ocurre otro incidente. Dos de los más graves defectos de los legionarios eran su excesiva afición a la bebida y los continuos duelos entre ellos que causaban muchos muertos y heridos.

En su autobiografía Alexander Alexander, un legionario, recuerda:

“…los duelos por idioteces se hicieron frecuentes, hasta dos y tres cada mañana. Muchos de ellos estaban en el hospital heridos de bala, y casi abandonados…

…casi todos los días teníamos uno o dos duelos”

El general Páez, escribió en una oportunidad al ministro de guerra:

“..el estímulo que conduce a estos hombres al campo, es la embriaguez en que, ordinariamente, provocan los desafíos, hasta por nimiedades pasadas”

El 8 de diciembre el coronel Blosset, en medio de una borrachera reta a duelo al mayor Power. En el campo del honor el comandante de la Legión Británica recibe un tiro de Power, que le causa la muerte a los tres días. Páez molesto una vez más ante tal falta de disciplina envía detenidos a las ordenes de Bolívar a Power y a los padrinos Juan Ferriar y Carlos Hodges y también al capitán José Forbes que en esos días también había matado a un teniente de la legión.

Bolivar termina por decretar la disolución de la Legión Británica. Envía a varios de los oficiales a Bogotá. A otros los colocará en las planas mayores de los batallones criollos y con el resto creará un batallón: Los famosos Cazadores Británicos que se inmolarán e inmortalizarán en la batalla de Carabobo dejando en lo más alto la reputación de los legionarios.

FUENTES

Alexander, Alexander. “La vida de Alexander Alexander escrita por él mismo”. Ediciones de la Presidencia de la República. Colección Viajeros y Legionarios. Caracas. 1978

Lambert, Eric. “Voluntarios Británicos e Irlandeses en la Gesta Bolivariana”. Tomo II.  Dirección de Artes Gráficas del Ministerio de la Defensa. Caracas. 1993

Santana, Arturo. “La Campaña de Carabobo”. Caracas. Litografía del Comercio. 1921

Urdaneta, Rafael. “Memorias” Imprenta y Litografía del Gobierno Nacional. Caracas. 1888

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