Venezuela ha sido sacudida con ferocidad durante todo el desenvolvimiento del actual siglo. Las estructuras institucionales se han resquebrajado, el prestigio internacional se ha desvanecido, los valores nacionales se han diluido, y el contenido ciudadano parece haberse vaciado de todo espíritu. El delito campea sin freno; la criminalidad, la marginalidad y la desidia conforman el paisaje habitual de una nación evidentemente extraviada. El agotamiento anímico de un pueblo vencido, la resignación prematura de sus juventudes…


