“La libertad no tiene precio”, una frase repetida mil veces como cliché por líderes civiles o militares, sobre todo en circunstancias oscuras en la lucha por la tan ansiada capacidad de ser libres, pero ¿hasta donde somos capaces de llegar para conseguirla? para algunos a veces hay que pagar lo que sea para obtenerla.

Bien es sabido por la historia oficial de las buenas relaciones del General Francisco de Miranda con el gobierno inglés buscando el apoyo necesario para librar una guerra contra España, de esta manera independizar y forjar una sola nación con los territorios americanos que van desde el sur del Río Misisipi en Norteamérica hasta las tierras patagónicas del fin del mundo entre las actuales Argentina y Chile.

Miranda pasó al menos la mitad de su vida viajando por el mundo en busca del apoyo necesario para librar su guerra, se paseó desde Turquía hasta Grecia, de Rusia y Francia hasta Londres, incluso proponiendo tratados de cooperación militar con el recién nacido gobierno de los Estados Unidos de América, no importaba quien ayudara ni como lo hiciera, lo que importaba eran los resultados y la independencia de los territorios centro y sudamericanos.

Poco o nada se ha difundido, al menos en la educación histórica venezolana, de la solicitud formal de intervención y apoyo militar que diera el General Miranda al Primer Ministro de Inglaterra William Pitt en una carta fechada del 5 de marzo de 1790, la carta solicitaba apoyo militar directo para liberar a lo que sería “La Gran Colombia”, esta carta la transcribimos a continuación gracias a los buenos oficios de nuestro colaborador, el historiador e investigador argentino Juan Paredes.

A William Pitt

                                          América Espera  

Señor,    

La América española desea  que la Inglaterra le ayude a sacudir la opresión infame en que la España la tiene constituida.

En esta situación, pues, la América se cree con todo derecho a repeler una dominación igualmente opresiva que tiránica y formarse para sí un gobierno libre, sabio, y equitable; con la forma que sea más adaptable al país, clima e índole de sus habitantes.

A ninguna potencia le es esto más fácil que a la Inglaterra, y bajo los principios de justicia, reprocidad perfecta hacia la España, y propios intereses. La América tiene un vastísimo comercio que ofrecer con preferencia a la Inglaterratiene tesoros con qué pagar puntualmente los servicios que le hagan, y aun para pagar una parte esencial de la deuda nacional de esta Nación; por cuyas razones, juzgando de mutuo interés estos importantes asuntos espera la América que, uniéndose por un pacto solemne a la Inglaterra, estableciendo un gobierno libre, y semejante, y combinando un plan de comercio recíprocamente ventajoso, vengan estas dos naciones a formar el más respetable y preponderante cuerpo político del Mundo.

La practicabilidad de todas las operaciones militares (para lo cual se requieren sólo 12 ó 15.000 hombres de Infantería y 15 navíos de línea) será  asunto para explicarlo después, si fuese necesario. Como asimismo la posibilidad de formar sin mayor dificultad un Canal de navegación en el Istmo de Panamá, que facilite el comercio de la China, y del Mar del Sur, con innumerables ventajas para la Inglaterra & América…


En Londres a 5 de marzo de 1790.Francisco  de Miranda 

El prócer venezolano entre otras cosas, ofrecía a Inglaterra o sus aliados un pago con dinero, jugosos tratados e incluso abrió la puerta a ceder territorios a quienes apoyaran la causa de intervención militar de tropas a territorio americano para combatir a las tropas españolas y conseguir la tan preciada independencia. Estas negociaciones entran en marcha en el año 1797, cuando Miranda acude a París con José del Pozo y Sucre, Manuel José de Salas y con Pablo de Olavide, para trazar el Acta de París, un documento formal donde se finiquitaron los términos a ofrecer a la o las naciones que aceptaran participar con el envío de tropas y armas en esta invasión, siendo este el primer documento donde sale a relucir la que luego será la bandera de las actuales Venezuela, Colombia y Ecuador: ” Banderas Tricolores, Rojo, Amarillo y Azul en Tres Franjas para el Empeño Bélico“.

A continuación algunas partes del documento:

“Nosotros, Don José del Pozo y Sucre y Don Manuel José de Salas, delegados de la Junta de Diputados de los pueblos y Provincias de la América meridional, reunida en la ciudad de Madrid, España, el 8 de octubre de 1797, para convenir en los medios más conducentes a realizar la independencia de las Colonias hispano-Americanas:

Habiéndosenos ordenado trasladarnos a Francia para reunirnos con nuestros compatriotas, Don Francisco de Miranda, antiguo General del ejército y nuestro agente principal, y Don Pablo de Olavide, que fue Intendente de Sevilla, ambos Delegados igualmente de dicha Junta, no sólo para deliberar conjuntamente sobre el estado de las negociaciones seguidas con Inglaterra en diferentes épocas, para nuestra independencia absoluta, especialmente las iniciadas en Londres en 1790 con el Ministro inglés, en virtud de las conferencias de Hollwood, las cuales han sido aprobadas por las Provincias que han tenido conocimiento de ellas, sino también para terminar dichas negociaciones abriendo el camino para una estipulación solemne que dé por resultado la independencia, según lo demanda el interés y la voluntad de los pueblos que habitan el continente de la América del Sur y están oprimidos por el yugo español;

Las fuerzas marítimas que se pidan a Inglaterra no excederán de veinte barcos de guerra; las fuerzas de tierra no excederán de 8.000 hombres de infantería y 2.000 de caballería. En la alianza defensiva que se pacte, se estipulará que, no necesitando Inglaterra de soldados de infantería, ni de recursos marítimos, la América, en este caso, pagará su contingente naval en dinero.

Se hará con Inglaterra un tratado de comercio, concebido en los términos más ventajosos a la nación británica; y aun cuando debe descartarse toda idea de monopolio, el trazado le asegurará naturalmente, y en términos ciertos, el consumo de la mayor parte de sus manufacturas, pues la población es de cerca de catorce millones y se surte de manufacturas extranjeras y consume una multitud de artículos de lujo europeos.

Las relaciones íntimas de asociación que el Banco de Londres pueda trabar enseguida con los de Lima y de México, para sostenerse mutuamente, no será una de las menores ventajas que procure a Inglaterra la independencia de la América Meridional y su alianza con ella. Por este medio el crédito monetario de Inglaterra quedará sentado sobre sólidas bases.

Puede invitarse a los Estados Unidos de América a formar un tratado de amistad y alianza. Se le garantizará en este caso la posesión de las dos Floridas y aun la de la Louisiana, para que el Missisipi sea la mejor frontera que pueda establecerse entre las dos grandes naciones que ocupan el continente americano.

Reseña también Salcedo Bastardo en su libro América Espera, que Miranda mantiene constantes reuniones durante varios años con las altas esferas británicas esperando una respuesta, siempre contando con el apoyo de sus amigos cercanos Sir Evan Nepean y Sir Nicholas Vansittart, ambos importantes hombres de la política inglesa de estirpe noble y con alto poder colonial.

Con Vansittart y Nepean, el venezolano escribe y envía en 1801 a William Pitt, el Primer Ministro británico, un Plan Militar de lo que él considera, en base a sus conocimientos, la forma más idónea de invadir el continente americano comenzando por Venezuela, las fuerzas necesarias y el apoyo que pide a Inglaterra en número de hombres, armas y pertrechos para poder lograr los objetivos propuestos.

“La operación militar en tierra firme, tal como fue presentada esta mañana en nuestra reunión en Lincoln’s Inn, se limita sencillamente a esto:

Reunir de inmediato en la isla de Curazao, un pequeño cuerpo de 300 hombres de buenas tropas (gente de color a falta de otros), 50 buenos artilleros, oficiales y oficiales subalternos tanto de infantería como de caballería, ingeniería y artillería, en número de 80 personas al menos.

6.000 fusiles con bayonetas y cartucheras, 2.000 uniformes con pequeños sombreros redondos, 500 sillas de montar para caballería ligera con bridas, 500 sables ídem, 100 pares de pistolas, 3.000 picas para la infantería, 1.000 podaderas, 300 hachas, 300 picos, 300 palas, 12 piezas de artillería de campaña, 6 lanza obuses con cureñas y municiones, 10 banderas los colores de la divisa: rojo, amarillo y azul, en tres franjas, 5 pabellones ídem, 150 toneles de hierro bruto, 20 toneles de acero bruto, 4 cirujanos y algunas cajas de medicinas, 1 imprenta completa, 200 tiendas de campaña. Algunas ollas y bidones, ídem 10 tambores con algunos músicos militares, Municiones de guerra y cartuchos de fogueo en abundancia.

Con estas tropas y armas se desembarcará en Coro, en el continente, y tomando una posición ventajosa, se atrincherará en un campo a la romana, provisto de algunas piezas de artillería. De esta posición se emprenderá marcha rumbo a San Felipe, Nirgua y Valencia, dejando siempre puestos fortificados a la romana, para proteger la línea de operaciones, cuyo centro es Curazao. En estas tres pequeñas ciudades, totalmente abiertas y cuyos habitantes son muy enemigos del gobierno español, se espera aumentar las fuerzas con más de 2.000 hombres de infantería y 200 caballos.

Mientras este cuerpo penetra en el país, acercándose a las puertas de la capital, una fuerza marítima compuesta por un buque de línea, tres fragatas y dos bombardas, zarpará de Trinidad o de Granada, amenazando con un ataque a la costa de Cumaná y de La Guaira que se podrá incluso bombardear. 

Una vez tomada la ciudad de Caracas, la cual se encuentra totalmente abierta, se reforzará su pequeño ejército con un cuerpo de tropas de 4.000 hombres al menos, pudiendo emprender marcha hacia La Guaira sin demora, la cual encontrándose ya atacada por mar y sin ninguna defensa por la retaguardia, del lado de Caracas, debe sucumbir. Así quedará conquistada toda la provincia, que es muy poblada, muy rica y una de las más florecientes de toda América.

Cartagena no puede recibir auxilios sino de La Habana, y como este puerto se encuentra muy estrechamente bloqueado por una escuadra inglesa, la cosa no es factible y la ciudad seguirá probablemente el ejemplo de la provincia. 

Todas estas operaciones pueden llevarse a cabo en cuatro o cinco meses, lo que decidirá la suerte del Perú y Chile, ya que en base a todas las informaciones que nos han llegado, dichas provincias no esperan sino el inicio de nuestro movimiento para seguir el impulso general.

En Londres el 24 de mayo de 1801.
Francisco de Miranda 

Francisco de Miranda

Tanto la corona inglesa como el gobierno norteamericano están interesados en Miranda y sus propuestas, pues desde el descubrimiento de América Gran Bretaña está obsesionada con las rutas comerciales españolas, los puertos americanos y las riquezas que ofrece comercialmente el Caribe. Nada llegará a feliz término, pues con la invasión francesa a España, la geopolítica le juega una mala pasada al venezolano y los intereses de Inglaterra se concentran en repeler a su enemigo histórico, Francia, entrando en un tratado de paz con los españoles y por tanto dejando de lado los planes para la intervención militar solicitada por Francisco de Miranda. En tanto Estados Unidos por un conflicto de intereses tampoco quiere apoyar la invasión, la idea de Colombia se queda sola hasta los estallidos del cabildo caraqueño en 1810.

El Generalísimo Francisco de Miranda estaba tan claro del costo de la libertad americana, que no dudó nunca en sacrificar tesoros e incluso territorios para conseguir la construcción de una nueva nación, y aunque al final no pudo lograr sus objetivos de la manera en que quería, pues el destino le jugó una mala pasada, sus cartas forman un precedente en la historia de que América y sobre todo Venezuela jamás ha podido sola contra sus enemigos, siempre ha necesitado y necesitará el apoyo armado de sus aliados circunstanciales, aliados que no prestarán apoyo por bondad, sino por el interés particular de su propio beneficio, un hecho de la política real fuera del idealismo, que funciona y consigue resultados tangibles.

La Real Marina Británica – 1757, Pintura de John Cleveley

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